El reloj de 57 euros que da jaque a la relojería suiza
Un Casio AQS820W comprado por 57 euros en El Corte Inglés: solar, 100 metros de resistencia al agua, cinco alarmas, hora mundial y poco más de 40 gramos en la muñeca. Enfrente, sobre la misma mesa imaginaria, un Tag Heuer Mónaco con correa de cocodrilo que su dueño admite que apenas se pone. La escena resume cómo se está partiendo la afición al coleccionismo de relojes: una mitad mira el escaparate de la alta relojería y la otra ha descubierto que la precisión ya no vive ahí.
Tissot, Seiko y Citizen ganan la votación del precio-calidad
Cuando se pregunta por la marca favorita, la respuesta más repetida no es Rolex. Es Tissot, defendida por su relación calidad-precio y por un catálogo que va del Le Locle al PRC200. Le siguen Citizen —el Promaster y el diver NB6021-68L—, Seiko con el Alpinist, Orient con el Bambino y hasta un Sea-Gull chino de segundero pequeño. Tudor marca el techo aspiracional con el Pelagos y el Ranger de 36 milímetros; el Pelagos, admiten, hoy no está al alcance. En el tramo alto el gusto se vuelve más literario: un Movado Museum, un Mido Commander de esfera azul y el Grand Seiko SLGB023, al que se le perdona el precio por la reserva de marcha.
El reloj que Elvis puso de moda
Entre los objetos de deseo hay una pieza con historia propia: el Hamilton Ventura, primer reloj de batería y favorito de Elvis Presley. Su caja asimétrica es el mejor argumento de que un reloj no se compra solo para dar la hora.
También se reivindica Longines como la marca de compromiso entre el estatus que se proyecta, la calidad real y el precio contenido, con un aviso: en España ha caído en cierto olvido y las alternativas japonesas cubren ese hueco, a menudo más barato. Frente a eso, una corriente escéptica con la acumulación: dos relojes heredados, uno de uso diario, y a otra cosa. Rolex, sentencian, es otra liga y para eventos.
El dato que descoloca lo firma quien lleva doce años con el mismo reloj y le ha cambiado la pila una sola vez.