Comprar naranjas y patatas online: el ahorro que el súper no da
Un kilo de patatas nuevas ecológicas a 2,18 euros en un hipermercado. Veinte kilos de patata gallega, con envío incluido, a 1,30 euros el kilo. La resta no la hace falta una calculadora: 13,60 euros de diferencia sobre una compra de 43,6 euros. Ese es el punto de partida de una recopilación de tiendas de alimentación online que lleva 770 días abierta y 103 respuestas, nacida de una confesión doméstica:
300 euros en comida en un solo mes y la sospecha de que la factura va a seguir subiendo.
La regla que ordena todo el ejercicio es sencilla y elimina a la mitad de los candidatos. Solo entran productos que
no se echen a perder en un mes. Si compras cinco kilos de chuletas de cordero, tendrás que congelarlas, y entonces la comparación justa ya no es con la carne fresca del súper sino con la congelada. Fuera, por tanto, casi todo lo perecedero de verdad. Dentro, patatas, naranjas, conservas, embutidos curados y dulces.
Patatas gallegas: de 2,18 euros a 1,30 el kilo
El tubérculo es el primer campo de batalla. La referencia de partida, un kilo de patata nueva ecológica a
2,18 euros. La contraoferta que se acaba imponiendo: 20 kilos por 26 euros, envío gratuito, lo que deja el kilo en
1,30 euros. El ahorro teórico ronda el 40%, con una letra pequeña que nadie esconde: si los últimos kilos se pudren en la despensa, la cuenta se va al garete.
La trazabilidad de la patata gallega se convierte en un pequeño serial. Primero se compran 10 kilos de Orense por 16 euros con envío incluido y el veredicto es entusiasta: blanquitas, tiernas,
mis dieses. Después se agota la temporada en esa tienda y toca buscar alternativas. La subida también queda registrada: en un año, el kilo ha pasado de 1 euro a 1,30 euros, un 30% de golpe. Hay quien compra la variedad agria en otro proveedor y quien avisa de que las de supermercado llegan a 2 euros el kilo y medio podridas.
Naranjas: 19 euros por 10 kilos y temporada de sanguinas
El segundo gran capítulo es el cítrico. La lista acumula proveedores de Valencia y Sagunto con precios que oscilan entre los
19 y los 22 euros por 10 kilos, envío gratis. La navelina dulzona convive con la sanguina, más ácida y de calibre pequeño, que llega con alguna mandarina colada en la caja, presumiblemente como muestra. Una caja de cinco kilos da para quince días de zumos y meriendas.
El calendario manda. Las naranjas baratas de fuera de temporada son viejas; cuando arranca la temporada, el producto es nuevo y sube. Algunas llegan con la piel algo verde y están ricas igual. Y aparece el dato que explica el precio:
sobran naranjas en Valencia y falta gente para recogerlas del árbol. El intermediario no es el único que se lleva un pellizco; también hay coste de mano de obra que nadie cubre.
Carne, conservas y el problema del envío
La carne a granel tiene su propio carril. Un proveedor de alimentación para mascotas ofrece hígado de ternera a
3,29 euros el kilo y magro de vaca troceado a
5,30 euros el kilo, frente a los 8,45 euros que cuesta el hígado en un hipermercado. La duda razonable que plantea cualquiera que vea esas cifras: qué hay detrás de la foto. La hipótesis más repetida es que sea producto comestible pero de aspecto poco apetecible, del estilo de los boquerones de arrastre que se devuelven al mar.
En conservas, una oferta del 25% deja el atún en bote de cristal a precio de derribo, con envío gratis a partir de 90 euros. Y en dulce, sobados, quesada, quesos y miel del norte con reparto a domicilio. El muro contra el que choca todo el sistema es siempre el mismo:
el envío que dobla el precio del producto. Un productor de aguacates lo resume sin paños calientes: vendiendo online se queda en el mismo precio que colocándolos en el mercado generalista. El ahorro real solo aparece cuando el pedido es grande y el transporte sale a cero.
El canal donde los agricultores venden sin intermediarios
La evolución más interesante del asunto no es una tienda concreta sino el canal. Un grupo de mensajería reúne a productores que anuncian directamente, empezó con producto agrícola y se ha extendido a todo el sector primario y a la artesanía. Ahí se compra ternera madurada, chuletas, redondo para carpaccio y cortes nobles de vacuno criado en libertad. El precio no es barato y quien lo paga lo asume: poder comer carne como la de antes tiene su coste. El envío llega en 24 horas, caja isotérmica y piezas separadas.
La pega es la de siempre, y la pone alguien que conoce el negocio por dentro: sin volumen, el transporte se come el margen. La compra directa al agricultor funciona cuando se junta pedido, no cuando se piden dos kilos.
Con estos diferenciales, la compra directa debería haber arrasado en los hogares. Sigue siendo una minoría la que se organiza para llenar la despensa de patatas y naranjas por internet. El cálculo está hecho, los proveedores existen y el envío gratis también. Lo que falta, a la vista de los números, es que alguien se atreva a pedir 20 kilos de una vez.