Del landismo a las risas enlatadas: por qué el humor español ya no hace gracia
¿El humor de este país ha sido siempre una cochambre? Quienes repasan la historia de la comedia televisiva española encuentran pocos motivos para la nostalgia: de la burla al defecto físico a las risas enlatadas que dictan cuándo hay que reírse.
La herencia del landismo
Hay una corriente que sostiene que el llamado "landismo" se diseñó para acomplejar y desmoralizar al hombre español. Durante décadas, las "gracietas" se basaron en insultar, denigrar y faltar al respeto a personas con defectos físicos, enfermedades o atracciones sensual. La burla al otro era el recurso garantizado.
Las risas enlatadas y la ingeniería social
Los programas de accidentes y las carcajadas enlatadas no serían un simple recurso técnico, sino una forma de ingeniería social: enseñar al público qué debe considerar gracioso. Lo que se enseña, según esta lectura, es que el dolor ajeno puede ser divertido. La imagen de un robot que golpea a un niño y provoca carcajadas en directo sería el síntoma más reciente de esa escuela.
La evolución y sus cinco etapas
Algo ha cambiado. Se distinguen cinco etapas: del chiste sin contexto a la torpeza sin gracia, del humor absurdo al monólogo sobre situaciones comunes y, como última fase, la única fórmula que todavía funciona: decir la verdad. Esa pogre dice más de la sociedad que de los cómicos; lo que antes se aplaudía, hoy provoca vergüenza ajena.
Ironías del asunto: el mismo público que se reía con el chiste fácil ahora exige que la comedia tenga algo que decir. Los profesionales de la risa falsa han acabado convertidos en un recuerdo grotesco. ¿El humor español era una cochambre? Quizá la pregunta correcta es si la sociedad que lo consumía estaba a la altura.