Millán Salcedo confirma su homosexualidad: el humor que no necesita etiquetas
La noticia ha llegado sin estridencias: Millán Salcedo, la mitad del icónico dúo Martes y Trece, ha hablado públicamente sobre su orientación sexual. En un artículo publicado por El Mundo el 19 de abril de 2026, el humorista deja claro que ser gay no ha sido ni un obstáculo ni un trampolín en su carrera. "Lo llevaba diciendo muchos años, y antes de que hubiera subvenciones LGTBI+ no pasaba nada", resume el debate en torno a su declaración.
La reacción popular se ha dividido entre el respeto a su trayectoria y cierta sorpresa por lo tardío de la confesión. Algunos señalan que su talento nunca dependió de etiquetas: "no necesita sacar a relucir con quién se acuesta para triunfar", se comenta. Otros, en cambio, recuerdan viejas teorías sobre la separación del dúo con Josema Yuste, apuntando a tensiones personales que ahora cobran otro sentido.
El contexto de un icono popular
Millán Salcedo construyó su fama en los años 80 y 90 con un humor blanco y gestual que marcó a toda una generación. Frases como "Digamelón" siguen vivas en el imaginario colectivo. Su salida del armario llega en un momento donde el debate sobre la visibilidad LGTBI en el mundo del espectáculo español está más vivo que nunca, pero él demuestra que se puede ser un referente sin necesidad de pancartas.
La polémica también ha dejado espacio para posturas más conservadoras. Un usuario anónimo ha comparado la homosexualidad con un trastorno, opinión que contrasta con el tono general del hilo: la mayoría celebra la naturalidad con la que Salcedo ha tratado el asunto. "Un grande", resumen muchos.
¿Qué cambia para el humorista?
En términos de carrera, poco. Millán Salcedo sigue siendo ese mismo cómico que llenaba teatros. La diferencia, quizás, es que ahora su público conoce una faceta más personal. El debate de fondo es si la orientación sexual debería o no ser relevante en el ámbito artístico. A juzgar por las reacciones, el consenso es que no: importa el talento, no la etiqueta.
La confesión de Millán Salcedo es, ante todo, un ejercicio de honestidad. Que haya llegado sin estridencias y con el apoyo mayoritario dice mucho de cómo ha evolucionado la sociedad española. Y también de él: un humorista que nunca necesitó un micrófono para contar su vida.
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