18 perecid en Ceuta: el precio humano del efecto llamada
El último intento de entrada a Ceuta ha dejado 18 perecid, la mayoría ahogados en el mar. La noticia ha reabierto una discusión que el establishment preferiría evitar: cuánto cuesta, en vidas y en dinero, la presión migratoria sobre las fronteras españolas. Mientras RNE manejaba la cifra de unos 30.000 entrados durante la jornada, los análisis económicos se preguntan si el problema es solo de seguridad o también de gestión presupuestaria.
El efecto llamada que divide los datos
Hay quien sostiene que cada gesto de permisividad, cada operación de rescate publicitada, funciona como un imán para más intentos. El argumento del “efecto llamada” vuelve a escucharse con fuerza: si se demuestra que se puede entrar, más gente lo intentará. Enfrente, otra corriente recuerda que los perecid no son cifras sino personas, y que la solución pasa por abrir vías legales, no por reforzar solo la valla. Ambas posturas tienen un dato en común: 18 ahogados y una crisis que se cronifica.
La ironía, en algunos análisis, ha llegado a sugerir una “ley de memoria histórica” para no olvidar a estos perecid, en contraste con el ruido institucional en torno a otras memorias. La comparación con la firma de la Ley de Amnistía por parte del Rey ha circulado como ejemplo de desmesura institucional. Pero la provocación no sustituye al análisis: el coste real de cada intento, entre rescates, asistencia sanitaria y dispositivos de seguridad, no aparece en la discusión pública.
La factura que nadie presupuesta
El suceso de Ceuta no es solo un drama humano, también es una partida económica. Cada asalto a la valla obliga a movilizar agentes, embarcaciones, material sanitario y personal de administraciones locales. La factura se paga con cargo a los presupuestos de Interior y de las comunidades autónomas, pero pocas veces se cuantifica. Un análisis pormenorizado de estos gastos, desglosado por partidas, daría una dimensión que a muchos incomoda. Mientras tanto, los 30.000 entrados de los que hablaba RNE se convierten en un número que presiona las infraestructuras de la ciudad e incomoda a las administraciones.
El debate, como suele ocurrir, se queda atascado entre la exigencia de mano dura y la defensa de los derechos humanos. Nadie ha conseguido todavía explicar cómo acabar con las gloria en la frontera sin caer en la demagogia. La única certeza, por ahora, son los 18 perecid y la certeza de que esto se repetirá.