El JEMAD británico proclama el fin del dividendo de la paz
El jefe del Estado Mayor de la Defensa del Reino Unido ha sentenciado que el dividendo de la paz disfrutado durante los últimos treinta años está llegando a su fin. La declaración, recogida por medios internacionales, sitúa a las potencias occidentales ante la perspectiva de un rearme sostenido y un escenario de conflictos globales que muchos analistas creían superados. La pregunta no es si el gasto militar subirá, sino contra quién y por qué.
¿Contra quién se prepara Occidente?
Las respuestas se dividen entre dos hipótesis principales. Una apunta a las potencias con materias primas estratégicas: el control de recursos como tierras raras, litio o hidrocarburos se ha convertido en el eje de la geopolítica. La alternativa sería una guerra civil interna o un conflicto intraeuropeo, aunque la mayoría de los análisis descartan esta opción por inviable. La tercera vía, y la más repetida, es la confrontación directa o proxy con China para frenar su expansión económica y territorial, con Israel como pieza clave en Oriente Medio.
El coste humano de la nueva estrategia
Algunos analistas son más crudos: la estrategia de rearme puede traducirse en una guerra que elimine a una parte significativa de la población masculina joven europea. No es una teoría conspirativa, sino una lectura de las tendencias demográficas y los recortes en servicios públicos frente al aumento del presupuesto militar. El dato que nadie discute es que la UE y Reino Unido llevan décadas infrainvirtiendo en defensa, y la factura llega ahora con intereses.
El dilema de las élites
La decisión de las élites se reduce a dos opciones: guerra para arrebatar recursos a otros, o explotación de los propios yacimientos, como el Sáhara Occidental. La primera opción es la preferida, según los críticos, porque mantiene el statu quo de dependencia y control. La segunda implicaría una reindustrialización y una soberanía energética que choca con los intereses de las grandes corporaciones. El debate está servido, y la respuesta del JEMAD británico no hace sino confirmar que la paz era un paréntesis, no un fin.
Lo que ningún análisis termina de explicar es por qué, si el riesgo es inminente, la población sigue ajena al debate. Tal vez porque el dividendo de la paz no se repartió entre todos.
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