El primer motor de hidrógeno 100% puro del mundo ya funciona en Bermeo: ¿avance real o espejismo subvencionado?
El laboratorio que la multinacional finlandesa Wärtsilä tiene en Bermeo (Bizkaia) ha logrado poner en marcha el que presentan como el primer motor de hidrógeno puro a gran escala del mundo. El motor, según explica el manager de la planta, José Ramón Isasi, lleva desde 1997 probando diferentes combustibles y desde 2020 centrado en hidrógeno. Su destino: alimentar la red eléctrica española, aunque también tiene encaje en la industria marina.
La noticia, sin embargo, llega envuelta en un escepticismo que raya en lo fisiológico entre quienes siguen de cerca la tecnología energética. El argumento central de los críticos es tan simple como demoledor: primero se obtiene hidrógeno mediante electrólisis —con un rendimiento de entre el 50 y el 70%— y luego se quema en un motor para generar electricidad, con pérdidas adicionales. La eficiencia conjunta ronda el 30%, muy por debajo de una batería o de un ciclo combinado de gas. "Obtenemos el hidrógeno por electrólisis y luego lo quemamos para obtener electricidad. ¿Esta gente ha oído hablar de las leyes de la termodinámica?", resumen los más ácidos, que añaden que las subvenciones son "la cuarta ley".
El debate también pone el foco en el almacenamiento. El hidrógeno, por su pequeño tamaño molecular, se escapa incluso de bombonas de acero, y a gran escala el problema de la permeabilidad y la fragilización del metal no está resuelto. Frente a esto, los defensores del proyecto argumentan que el motor no compite con baterías en eficiencia, sino que sirve para almacenar excedentes de renovables cuando la producción supera la demanda. "De nada sirve tener 500 Teravatios en molinos y placas si no hay quien te la consuma al momento", apuntan.
En el terreno naval, donde las baterías tienen limitaciones de peso y autonomía, el hidrógeno podría tener más sentido. Pero la experiencia con el coche de hidrógeno —prácticamente inexistente en las calles— invita a la prudencia. "Lo llevan diciendo 50 años", espetan los escépticos. El dato que descoloca: tras décadas de I+D y miles de millones en subvenciones, el hidrógeno sigue sin un modelo de negocio claro fuera de nichos muy concretos. El motor de Bermeo puede ser el primer paso, o el último de una larga serie de promesas incumplidas.
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