El liberalismo español, resumido en dos imágenes
Una bandera amarilla con una serpiente y una foto de familia orgullosa. Con esos dos mimbres se despachó en el subforo de Economía el currículum de
Noelia Núñez, que admitió no haber acabado sus estudios y aseguró que «nunca» quiso «engañar a nadie». El asunto derivó, en pocas horas, hacia algo más grande: qué hay detrás del liberalismo que se exhibe en España y quién paga la fiesta.
Qué pasó con Noelia Núñez y su currículum
El detonante fue una comparecencia en la que la política reconoció no haber terminado la carrera y negó haber querido engañar a nadie. La respuesta pública llegó en forma de tuit: «Solo unos padres saben el sacrificio y el esfuerzo que hay detrás de cualquier logro», escribió, acompañando una foto familiar. Ahí empezó el incendio.
La reacción mayoritaria no fue de indulgencia. Se recordó que el mismo rasero no se aplicó a otros cargos con currículums cuestionados, y se puso el foco en el
dedazo y en el ascenso exprés de perfiles sin trayectoria. La dimisión, lejos de cerrar el asunto, sirvió de combustible: para una parte, el problema no es el expediente académico, sino el sistema que coloca a alguien sin méritos en la primera fila.
La bandera de la serpiente y el problema de los iconos importados
La segunda imagen es la bandera. Fondo amarillo, serpiente, referencias a la revolución estadounidense. Se le reprocha que no pega con el
nadapasismo del PP, un partido para quien «le va bien» y no quiere cambios. Y se le reprocha, sobre todo, la fascinación por iconos anglosajones que desprecian España.
Hay quien sostiene que el liberalismo es una ideología de ricos, materialismo puro: la vida reducida al dinero, al consumo y al egoísmo elevado a virtud. Otros lo enmarcan en una pinza: comunismo por un lado, liberalismo por el otro, ambos contrarios a la comunidad. La crítica más repetida no es económica, es de coherencia: la bandera libertaria ondea, según esta lectura, sobre
sueldos públicos y estructuras subvencionadas.
¿Quién vive del liberalismo en España?
El dato que descoloca es este: buena parte de los divulgadores que predican el libre mercado cobran o han cobrado del erario.
Miguel Anxo Bastos, Huerto de Soto, Juan Rallo, Manuel Llamas —viceconsejero de la CAM— aparecen en la lista. No es una acusación de delito: es una paradoja. El predicador del mercado libre con nómina pública.
La crítica se extiende al ecosistema: tertulias, premios, espacio televisivo. Se señala que un biotecnólogo, un ingeniero aeroespacial o un cirujano rara vez alcanzan las cifras de un tertuliano de premio, y que el
colegueo empresarial pesa más que el expediente. La sospecha no es que ganen mucho, sino por qué ganan.
El PP, el PSOE y la misma carretera
La conclusión más repetida es que el PP es el PSOE con diez años de retraso. Unos van a 80 y otros a 120, pero por la misma carretera y en la misma dirección. De ahí la tesis de que el régimen del 78 hizo creer que el PP representaba a la derecha y sus valores, cuando en realidad administraba la misma estructura.
En ese marco, la dimisión de Núñez no es una anécdota: es la prueba de que el sistema recicla perfiles y diluye responsabilidades. La ultraderecha, según esta lectura, es el ariete que unos y otros usan para movilizar a su parroquia mientras el bloque se sostiene.
Queda la pregunta incómoda: si el liberalismo español se resume en una bandera importada y un currículum sin terminar, ¿qué queda del mérito como bandera? La respuesta, a la fecha de esta discusión, sigue sin cuajar.