¿El miedo a subir a un avión se supera?

Pasajero con miedo a volar agarrado al asiento de un avión durante el despegue, con la mano apretando el cinturón
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Miedo a volar: el temor que no se supera con datos​

¿Se supera el miedo a volar? La respuesta que sale de una discusión de foro es incómoda: no del todo. Se aprende a convivir con él, se medicaliza, se ritualiza, se compensa con chicle y tapones de silicona, pero el escalofrío vuelve cada vez que el avión acelera en la pista. Y no sirve de nada que un participante sostenga que es más probable acertar tres veces el Euromillón que morir en un accidente aéreo. El cerebro del que tiene vértigo no procesa probabilidades: procesa altura, encierro y la certeza de que a 10.000 metros no hay puerta de salida.

El miedo a volar, o aerofobia, aparece aquí con tres capas superpuestas que conviene separar. La primera es la claustrofobia: no poder levantarse, no poder abrir, no poder salir. La segunda es el vértigo: la conciencia física de la altura, ese temblor de piernas que aparece hasta viendo un vídeo en el móvil. La tercera es la hipocondría: el dolor de oídos que dura día y medio, la presión que revienta la cabeza en el descenso, el miedo a que el propio cuerpo falle ahí arriba. Quien solo tiene una de las tres lo lleva regular. Quien tiene las tres, como el que abre el tema, lo lleva fatal.

¿Se puede superar el miedo a volar con terapia de choque?​

La receta más repetida en la conversación es la exposición brutal: sacarse un billete a Cancún, tragarse más de diez horas de vuelo y salir de allí curado o destruido. «Si superas eso como yo ya te subes donde sea», resume uno. El problema es que la terapia de choque funciona cuando el miedo es aprendido y no cuando es fisiológico. A quien le tiemblan las canillas por vértigo no le cura un vuelo largo: le cura, si acaso, la repetición corta y frecuente. De ahí la sugerencia de los vuelos interinsulares con aviones de hélice, esos aterrizajes dando botes que convierten cada aproximación en un examen. La exposición sirve, pero dosificada. Y no siempre.

Hay un consenso incómodo que atraviesa toda la discusión: el miedo no se va, se gestiona. Uno reconoce que llevaba veinte años volando sin problema y que de un tiempo a esta parte lo lleva fatal. Otro confiesa que cada vez que el avión coge velocidad para despegar se prepara para morir, y que lo hace sabiendo que la probabilidad es ridícula. Un tercero lo resume con una frase que vale más que cualquier manual: «Vas más seguro en el avión cualquiera que sea la distancia que ir al supermercado andando y volver». Cierto. Y aun así, el cuerpo no obedece.
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Valium, Lexatín y alprazolam: qué se toma antes de volar​

La medicación es el otro gran eje. Aparecen el Lexatín (bromazepam), el Valium (diazepam), el Orfidal (lorazepam) y el Trankimazin (alprazolam), con equivalencias que se detallan en la conversación: 3 mg de Lexatín equivalen a 1 mg de Orfidal, a 5 mg de Valium y a 0,50 mg de alprazolam. El problema es la tolerancia. Quien lleva años tomando alprazolam pautado advierte de que en un vuelo la dosis se queda corta, y quien se fue a Grecia con dos Lexatines reconoce que a la vuelta, con uno solo y vuelo nocturno, «casi me da un yuyu». La conclusión práctica que se repite: hablar con el médico y ajustar dosis, no automedicarse con lo que le sobró al cuñado.

El detalle técnico que casi nadie conoce y que aquí se comparte es el de los tapones de silicona. No para el ruido: para la presión. Quien usa audífonos sabe que los cambios de presión le tapan los oídos a lo bestia, y taponar antes del despegue ayuda a compensar. Otro participante recomienda directamente aprender las técnicas de compensación que usan los buceadores, que es exactamente el mismo problema físico con otro nombre. El dolor de oídos y cabeza, ese que dura día y medio tras un vuelo de cuarenta minutos, tiene solución y no es resignarse.

Turbulencias, aterrizajes y el ruido del tren de aterrizaje​

Las turbulencias merecen capítulo aparte. Un relato describe un vuelo Medellín-Madrid en el que el piloto decidió bajar de golpe, con caídas horizontales de dos o tres segundos, gritos en la cabina y pasajeros aferrados al asiento. Cuando terminó, el comandante explicó con el tono más monótono del mundo que había salido antes de la zona de turbulencias. La moraleja es doble: la maniobra era segura y el pánico, inevitable. Y luego está el aterrizaje, ese momento en que se oye el tren de aterrizaje contra la pista y uno piensa «de la que nos hemos salvado». Hay quien lo describe como una sucesión de subidas y bajadas bruscas antes del contacto final, y quien asegura que en los vuelos siguientes lo llevó mejor masticando chicle sin parar durante todo el descenso.

El aburrimiento, por cierto, es otro enemigo silencioso. Hay quien no tiene miedo y sí tedio: dos horas antes en el aeropuerto, veinte minutos esperando el despegue sentado, horas en un asiento enano, quince minutos más esperando a bajar. La comparación con el tren es odiosa y se hace sin pudor: en el tren te subes al instante. La respuesta de los más veteranos es que el día que existan locomotoras transoceánicas no volverán a pisar un avión. Mientras tanto, dos cervezas en cuanto aparece el carrito y a rezar lo que se sepa.

¿Es peligroso dormir en un vuelo largo?​

No. El cuerpo humano está perfectamente preparado para estar quieto y dormido varias horas en un avión, y no existe ningún síndrome asociado a echar una siesta a 10.000 metros más allá del jet lag y la deshidratación. La preocupación por el llamado síndrome de la clase turista tiene que ver con vuelos muy largos, inmovilidad extrema y factores de riesgo previos, no con dormir ocho horas seguidas. La recomendación general es moverse cada cierto tiempo, hidratarse y evitar el alcohol, que deshidrata más. Nada de esto convierte un vuelo transoceánico en un riesgo para una persona sana.

El miedo a volar no se cura, se negocia​

Al final, lo que queda tras leer toda la conversación es una mezcla de humor negro y realismo. Hay quien se confiesa antes de volar por si toca morir en gracia, quien reza padrenuestros al despegar y rosarios durante las turbulencias, y quien directamente recomienda no ver documentales de accidentes aéreos ni películas de serpientes en un avión. La estadística es aplastante y no consuela a nadie. La medicación ayuda y no cura. La exposición funciona a veces. Y el que dice que lo ha superado del todo, probablemente miente un poco. Lo único que cambia con los años no es el miedo: es la habilidad para disimularlo delante del de al lado.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Tratamiento de choque: Sacarte un billete para cancun y tirarte mas de 10 horas de avion. Si superas eso como yo ya te subes donde sea»
— ULTRAPACO · terapia de choque para volar
«Me fui a Grecia con dos lexatines, a la vuelta me hice la valiente y solo tomé uno, vuelo de noche, casi me da un yuyu»
— Catalinius · medicación insuficiente en vuelo
«Vas más seguro en el avión cualquiera que sea la distancia que ir al supermercado andando y volver»
— DavidantE · estadística frente a percepción
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
No se supera, solo se gestiona45%
Terapia de choque y exposición funciona25%
Medicación pautada antes de volar20%
Es irracional, la estadística es aplastante10%
📌 DATOS
3 mg de Lexatín equivalen a 5 mg de Valium, 1 mg de Orfidal o 0,50 mg de alprazolam
Un vuelo de 40 minutos puede dejar dolor de oídos y cabeza durante día y medio
Caídas horizontales de dos o tres segundos durante turbulencias en un Medellín-Madrid
Más de 10 horas de vuelo en el trayecto a Cancún propuesto como terapia de choque
📅 EVOLUCIÓN
Hace más de 20 años Un participante volaba sin ningún problema y hoy lo lleva fatal, lo que muestra que el miedo puede aparecer con la edad
Hace 12 años Otro participante deja de volar durante más de una década tras el accidente de Spanair y vuelve con pánico
Hace 9 años Un vuelo corto Alicante-Mallorca se convierte en un trayecto temido tras años sin subir a un avión
Hace 3 años Un participante retoma los vuelos tras casi tres años sin viajar y comprueba que va más seguro que en un autobús
Hace 1 mes Un aterrizaje con botes en Lanzarote confirma que la exposición repetida no elimina el sobresalto
▶ VÍDEOS
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El desglose de equivalencias entre Lexatín, Valium, Orfidal y Trankimazin que casi nadie conoce y que se detalla en la conversación
✓El relato completo del vuelo Medellín-Madrid con la maniobra del piloto para salir de la zona de turbulencias y la reacción de la cabina
✓La técnica de tapones de silicona y compensación de presión que usan quienes llevan audífonos y que se aplica igual al oído del pasajero
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