El ocaso del ocio nocturno: «No nos gusta ir a pubs y discotecas, queremos bares donde poder hablar»

El tardeo es infinitamente mejor, al día siguiente no estás reventado y puedes aprovechar el tiempo. Por otro lado, si no puedes hablar no sé cómo vas a ligar en uno de esos antros, sobre todo cuando en España todo funciona por grupitos endogámicos.
 
Después de haber botellón, aquello parecía una cuadra, si la gente no fuese tan sucia, no se perseguiría tanto el botellón, si quieres beber, a tu casa.
Qué se persiga la suciedad, no el hecho de beber. Lo hacen porque no genera tanto dinero al Estado que ir al bar o a una discoteca.
 
Hace unos años, en una boda en la que una amiga le leía un discurso a la novia y compañera suya de la universidad, le decía algo así como que pensar en ella era recordar un tiempo en el que en el calendario existían los jueves y no los viernes. En esa frase seguramente se reconozcan muchas generaciones de estudiantes para las que salir de fiesta los jueves era una religión. Al igual que repetir la canción los sábados, y hasta en algún caso extremo hacer triplete con los viernes. Ahora los locales de ocio nocturno languidecen y parece que se sale menos y se consume menos alcohol. ¿Es así? Nada mejor que hacer la prueba del algodón en un campus, el de Pontevedra, y preguntarles a dos pandillas con rutinas diferenciadas para saber qué se cuece en su ocio. Cuentan cosas muy distintas. Todos hablan de que no tienen dinero. Pero algunos narran más cosas, como que los pubs y discotecas ya no encajan con sus gustos, como parecía que sí pasaba con las generaciones pretéritas.

Robin, que es de Val Miñor, llega a la facultad de Comunicación de Pontevedra acompañada de dos amigos: Víctor, de Vigo y de 23 años; y Marina, de 20, de Lugo. Los tres se conocieron en un ciclo de realización audiovisual y ahora afrontan juntos su primer año universitario. No preguntaron, de momento, si en Pontevedra hay muchos pubs y discotecas. No les importa demasiado. ¿Por qué? Víctor toma la palabra: «Hay un problema de costes, consumir en los locales cuesta bastante dinero, sale mucho más barato quedarte en casa, aunque tomes ahí alguna copa con los amigos. Aún así creo que bebemos menos alcohol del que se bebía antes. Pero es que además lo de ir de pubs... es un bajón. No nos convencen. Robin da la clave: «No nos gusta ir a pubs y discotecas, queremos bares donde poder hablar. Nos gusta escucharnos».

¿Y la música? Los tres asumen que les encanta, pero no para bailarla, sino para escucharla o en conciertos. Además, según indican, «lo que ponen en los pubs no es precisamente lo que nos gusta; lo que más hay es reguetón».

Los tres coinciden en que, si van a beber alcohol, mejor lo hacen en casa o en un bar convencional porque, de lo contrario, no podrían pagarlo: «Salir de fiesta es un privilegio, no tenemos dinero para pagar copas», espeta Robin. Los tres confiesan que miran bien el bolsillo porque necesitan ahorrar. El mayor, Víctor, trabaja en una productora para pagarse la carrera y la habitación que alquiló en Pontevedra a razón de 280 euros mensuales. Y Robin y Marina, las veinteañeras, dicen que intentan mantenerse únicamente con la beca y que, si tiran de sus familias, es para cosas como sacar el carné de conducir. Marina no prevé que le llegue, así que cuenta con trabajar en hostelería. «Es algo que sí puedo combinar con las clases y así tengo algo más de ahorros», indica.



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Estos universitarios, todos ellos estudiantes de Publicidad y Relaciones Públicas en Pontevedra, sí disfrutan saliendo de fiesta. Ramón Leiro


«Solo nos abre un local»


La otra cara de la moneda es una segunda pandilla de jóvenes universitarios ya veteranos en Pontevedra. Se llaman Rodri, Lucía, Hugo, Sara, Laura y Lara, tienen todos 21 años y, al unísono, dicen: «A nosotros sí nos gusta salir, en este grupo somos nocturnos. Si lo hacemos menos que otras generaciones será porque no hay dinero», indican. Luego explican que lo que suelen hacer los jueves universitarios es concentrarse en un piso —ahora se llama «previa» lo que antes se denominaba botellón en casa— y a última hora acuden a una discoteca. Dicen que en la ciudad del Lérez, al menos los jueves, se topan con un problema: «Solo nos abre un local, está todo prácticamente cerrado, las opciones que tenemos para salir son mínimas».

A ellos sí les divierte bailar, aunque a veces no les guste la música comercial que suena. Y les parece «muy, muy caro» el precio de las copas. «Cuestan unos ocho euros, la verdad es que sí nos parece caro, al menos para el dinero que tenemos nosotros», indican con un argumento que, posiblemente, refutarían también quienes, en los ochenta, los noventa y los dos mil llenaban las calles de las ciudades universitarias gallegas, sobre todo las de Santiago. La diferencia es que, con el bolsillo vacío, antes se empeñaban en ir de bares igual. Ahora parece que no tanto.

Pubs y discotecas con la música a TOPE, dañando los tímpanos al personal, donde no puedes hablar con nadie. Están diseñados para que te emborraches y drogues. Por eso no los piso desde hace 30 años.

Lo que me extraña es que ese modelo de negocio aún sobreviva
 
Pubs y discotecas con la música a TOPE, dañando los tímpanos al personal, donde no puedes hablar con nadie. Están diseñados para que te emborraches y drogues. Por eso no los piso desde hace 30 años.

Lo que me extraña es que ese modelo de negocio aún sobreviva
Sobrevivía precisamente para lo que fueron diseñados.
 
La ultima vez que fui a una discoteca seria en 2001.

Yo iba por las tias, pero es el peor sitio para conocerlas. Competencia feroz y la verdad es que jamas conoci a nadie que ligo en una discoteca.

Sobre las 3 de la manyana solo quedaban borrachos, todas las tias se habian ido (esto es Europa), y como yo no me emborracho, tenia la lucidez de ver el absurdo de la situacion. Luego tocaba esperar al primer tramvia a las 6.

Cuando me mude a la RD ire a dar una vuelta por las discotecas, a ver si ser blanco da alguna ventaja. Aunque yo busco mas bien una mujer obesa de 35 anyos. Tal vez tenga mas chance yendo a la iglesia.
 
Si estos jóvenes que hoy no frecuentan los bares pudieran viajar al año 1998, sabrían lo que era salir de fiesta y lo pasarían bien. ¿Por qué?

1- No había móviles por todos lados grabando. Podías hacer una broma en un bar y al día siguiente eran risas, pero lo que pasaba en el bar se quedaba en el bar.
2- Una cerveza costaba 100 pesetas y un cubata 300 pesetas (con sueldos parecidos a los actuales).
3- Solo había que tener cuidado con ciertos ambientes y no buscar problemas. Era más seguro salir de noche y volver a casa. Había menos inmi gración.

Y 4: Un hombre y una mujer eran iguales ante la ley.

Qué tiempos... Quién los pillara de nuevo.
 
Qué se persiga la suciedad, no el hecho de beber. Lo hacen porque no genera tanto dinero al Estado que ir al bar o a una discoteca.
Se empezó a perseguir el botellón por las quejas de las molestias que daban a los vecinos. El Estado ya recauda bastante con los impuestos indirectos al tabaco y al alcohol, el bar o la discoteca no le da tanto.
 
Algunos no estáis leyendo bien lo que está pasando. El ocio nocturno murió porque a las mujeres no les hace falta.

Cualquier interpretación que no sea esta, es errónea.

No les hace falta porque tienen Instagram y tienen wasap. No hay más.

Sin embargo, el ocio nocturno, sí permanece o renace a partir de los 40 y tantos. ¿Por qué? Porque hay muchas personas solteras, separadas o divorciadas. A esas ya sí les interesa el ocio de pub/discoteca/terraza.

¿Y por qué les interesa este ocio a esas edades? Porque con ruido, alcohol y con poca luz, tienes más posibilidades de conocer a alguien con quien poder emparejarte.
 
¿ Para que vas a ir a un lugar a soportar zarracenopanyizainada , pagar una millonada por veneno y quedarte sordo pudiendo ligar en las redes sociales ?


Ha perdido todo el sentido.
 
En otra época una forma de conocer gente era esa. Ahora con las redes es otra historia. Lógico que ya no lo necesiten.
 
Nadie quiere ir a un "local de ocio nocturno" a que una camarera le mire con desdén mientras piden un ron cola. A la gente tampoco le gusta tragarse el trato de los porteros para acceder a un local. Que con su pan se lo coman los empresarios de la noche
 
Viviendo en uno de los países donde los alquileres son más baratos y asequibles, podrían perfectamente ahorrar para ir a beber y divertirse en cualquier discoteca, como hacíamos los boomers.
 
Hace 25 años, cuando yo estaba en la universidad, salir los jueves era una experiencia completamente diferente a salir los sábados.

Antes de la prohibición del botellón, que me tocó vivir en primera persona, salir un sábado era hacer botellón multitudinario y luego meterse en un bar o discoteca "contento". Todos los sitios petados a más no poder.

En cambio salir un jueves era ir a cualquier garito sin tener que hacer cola, podías estar cómodamente en cualquier sitio, los locales no llegaban ni a la mitad de la capacidad, de un vistazo podías escanear todo el local, y si veías una chortina que te parecía atractiva podías acercarte a hablar con ella sin problemas.

Y una vez te rechazase podías volver rápidamente con tu grupo, sin tener que avanzar a codazos entre al marabunta.

Rechazaría a un Brad Pitt?
 
A hablar en una terraza le llaman ocio, dentro de poco será tambien trabajo para alguno.
Para la mayoría, que se pasan la semana más solos que la una y que se lo pasan mejor en casa con el PC que en la calle, sí, es ocio. Y mucho más divertido, recreativo e interesante que la discoteca, que además tiene música que no me gusta y un ambiente que no me atrae desde finales de los 90.
 

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