El padre de Chenoa contrae la sarna en el geriátrico donde vive
¿Tiene alguien la obligación de rescatar a un progenitor que se marchó cuando él era un bebé? José Carlos Corradini, padre biológico de Chenoa, ha confirmado a
La Razón que ha contraído la sarna en el centro geriátrico donde reside desde hace dos meses y que vive «sumido en la más absoluta pobreza». Lo cuenta él mismo: «Es desesperante». Y añade que su estado de salud es «más o menos bueno», con un tratamiento a base de cremas y la esperanza de ir mejorando «poco a poco».
La noticia, publicada por
20minutos, llega con un detalle que lo cambia todo: según el propio Corradini, dejó de ver a su hija cuando esta tenía tres años y solo volvió a verla una vez más, en un aeropuerto, cuando ella tenía dieciséis. Él sostiene que la madre se marchó a España con la niña siendo un bebé y que aquello fue un secuestro. No consta denuncia alguna por esos hechos.
Qué dice el padre de Chenoa y qué pide
Corradini asegura que ya no pide dinero a su hija: «Nunca me lo ha dado y no me lo daría». Su objetivo declarado ahora es otro: «Solamente quiero desenmascararla, porque la imagen que da de niña buena no se corresponde con la realidad». Sostiene que Chenoa conoce su situación y «nunca se ha dignado a interesarse» por él, y contrapone su precariedad a la «gran vida sin necesidades» que, según él, llevan la cantante, su madre y la pareja de esta.
El relato tiene un problema de cronología. Si el hombre lleva dos meses en el geriátrico y la sarna es un diagnóstico reciente, la pregunta razonable es dónde estuvo las dos décadas anteriores. La respuesta que circula con más fuerza es incómoda: apareció cuando su hija se hizo famosa.
El propio Corradini reconoce que, por decisión propia, solo vio a Chenoa dos veces tras abandonarles.
El geriátrico, la sarna y quién paga la residencia
La sarna no distingue de clases sociales, pero sí de hacinamiento. Es una infestación cutánea por ácaros que se transmite por contacto prolongado y que en residencias con convivencia estrecha encuentra un terreno propicio. Él mismo lo describe sin dramatismo: «En este lugar nadie se queda sin recetas, todos sufren algún tipo de problema, ya sea físico, económico, mental». Y remata: «Si todos estuviéramos bien, no habríamos acabado acá». Traducción: la sarna es el síntoma, no la enfermedad.
La pregunta que nadie responde con claridad es quién paga esa plaza. En el sistema público, las residencias de mayores acumulan listas de espera de años y las plazas concertadas se asignan por baremo de dependencia y renta. Que un varón de edad avanzada sin patrimonio declarado acceda a una plaza en dos meses invita a pensar en una vía privada, en una concertada con copago, o en una derivación de urgencia social. Sin datos públicos, cualquier afirmación es especulación.
La obligación legal de alimentar a los padres
Aquí conviene separar la moral del Código Civil. En España existe la obligación legal de alimentos entre parientes, que incluye a los ascendientes: los hijos deben socorrer a los padres que carecen de recursos, siempre que la necesidad no derive de una conducta del propio reclamante. Es decir, la ley no pregunta si el padre fue bueno, pregunta si el hijo puede y el padre no tiene. La excepción es la indigencia voluntaria.
El detalle que descoloca es que Corradini tiene otros cinco hijos: uno más con la madre de Chenoa y cuatro con otras dos mujeres. La obligación de alimentos es mancomunada, no solidaria: se reparte entre todos los hijos en proporción a su caudal. Reclamar solo a la más famosa, y no a los otros cinco, es una decisión estratégica, no jurídica.
El patrimonio real de Chenoa y el relato de la fama
Hay una corriente que da por hecho que Chenoa nada en dinero. Otra sostiene lo contrario:
su éxito masivo se concentró en los primeros años de la década de los 2000 y, salvo excepciones, el grueso de aquella generación de concursantes se diluyó después. Dos décadas de desierto profesional no arruinan a nadie que haya gestionado bien sus derechos, pero tampoco convierten a nadie en millonario. Las estimaciones de patrimonio que circulan en prensa económica hablan de varios millones, sin desglose verificable.
El episodio tiene un eco conocido: el padre biológico de Demi Moore, que también reapareció en la vida de su hija cuando esta ya era famosa. El patrón se repite con una frecuencia que ya no sorprende a nadie que haya cubierto este tipo de historias.
La sarna se cura con permetrina y paciencia. La otra cosa, la de aparecer veinte años tarde con la mano extendida y el dedo acusador, no tiene tratamiento conocido.