Bitcoin se revaloriza un 50% y el kilo de tomates no se compra con él
¿Cuánto vale un bitcoin que nadie ha vendido? Esa pregunta atraviesa una discusión abierta con un pronóstico que auguraba a los tenedores de bitcoin un final en asilos de beneficencia y situaba la criptomoneda en la misma estantería que Gowex, Terra y los tulipanes holandeses. El panorama que describen los mensajes del hilo es otro:
una revalorización superior al 50% en nueve meses y pico, según lo afirmado por un participante, gente que dice haber multiplicado su cartera y ninguna compra de la cesta de la compra acreditada con la moneda digital. El titular original envejeció mal; el fondo de la discusión, no.
¿Cuánto dinero se ha ganado de verdad con bitcoin?
Un participante plantea el ejemplo de dos jubilados imaginarios. Uno mete 20.000 euros en bonos y al vencimiento saca unos 600 euros antes de impuestos. El otro pone la misma cantidad en bitcoin y, con el precio actual, tendría
40.000 euros más si vende. La diferencia es enorme y es el cimiento del bando optimista: no hay motivo para pensar que no se ha podido vender a precio de mercado.
Al otro lado, la objeción es contable y vieja como la bolsa: mientras no se convierta en efectivo, no hay ganancia. Un tenedor que dice haber comprado a
50.000 euros y también a 500 euros —promedio que no desglosa— sitúa en 14.000 euros su referencia de pérdida. Dentro del mismo mensaje conviven el pelotazo y el suelo. La hoja de números completa, partida a partida, es justo lo que se promete en estas discusiones y rara vez se publica entera.
¿Es bitcoin una inversión o pura especulación?
Aquí no hay consenso y probablemente no lo habrá. Una corriente defiende que su utilidad hoy es la de
reserva de valor: emisión limitada, calendario de emisión conocido y a salvo de la imprenta de los bancos centrales. La comparación con el oro y con la vivienda aparece una y otra vez. Si nadie se queja de que un piso se revalorice, ¿por qué molesta que lo haga un activo digital?
La réplica llega por el flanco del uso. Un bien que solo sirve para esperar a que otro pague más por él no es una inversión, es una silla en una subasta. Y hay un matiz que se repite: con las acciones y los alquileres llegan dividendos y rentas todos los meses; con bitcoin, no llega nada hasta la venta.
¿Se puede pagar un kilo de tomates con bitcoin?
Técnicamente sí, en la práctica es un trueque con comisión. El argumento que mejor ha resistido es el de la cesta de la compra: el supermercado no acepta bitcoins a precio de tomate. Cuando hay un intermediario tipo tarjeta, la comisión la paga alguien, y el comercio solo la tiene asumida si es la de siempre. La idea de que en otros países se paga con criptomonedas a diario también aparece, con España retratada como caso residual por desconocimiento y por costumbre.
El dato que descoloca a los dos bandos
Ni los que auguraban el colapso ni los que prometían el millón aciertan todavía. El precio ha subido lo suficiente como para callar bocas y sigue lo bastante lejos de cualquier uso cotidiano como para que el escepticismo tenga munición. Existe un tercer grupo que no entra en las trincheras: el que acumula y no vende, ese que sostiene que solo especularía si vendiera. Su postura es cómoda y también indemostrable: sin operación, no hay mérito ni ruina.
Y por debajo de todo, el intercambio final del hilo: hay quien sostiene que si mañana se cae internet, el oro y el fajo de billetes tampoco valdrían gran cosa, y que unos antibióticos guardados en un cajón podrían valer más que los dos. El gran debate económico de la década se resuelve, al final, con la pregunta del tendero: ¿me lo pagas en efectivo?