El precinto de Vive Madrid: cuando la ley contra la explotación choca con las trabajadoras que quieren seguir
El pasado fin de semana, la Policía Nacional precintó el conocido club de alterne «Vive Madrid», ubicado en la calle Marqués de Viana del distrito de Tetuán. Los propietarios son investigados por presuntos delitos de explotación sexual y blanqueo de capitales. La operación, que se saldó con 15 detenidos, 3 víctimas liberadas y la incautación de armas, drogas y material informático, forma parte de una campaña contra redes de trata. Sin embargo, la imagen que ha trascendido no es la del operativo, sino la de varias trabajadoras del local manifestándose pacíficamente a las puertas para exigir poder volver a ejercer.
La paradoja no es nueva en el debate sobre la prostitución en España. Mientras las autoridades presentan el cierre como un golpe contra la explotación, las mujeres que trabajaban allí defienden que lo hacían voluntariamente y que el precinto las deja sin sustento. Relatos de clientes habituales en foros señalan que muchas de ellas son migrantes latinoamericanas, y algunos aluden a la supuesta utilización de «borrachero», una planta alucinógena originaria de Colombia, para drogar a los clientes, aunque no hay confirmación oficial de estos hechos.
Un negocio bajo la lupa
La operación no es aislada. Días antes, otra red de explotación sexual liderada por mujeres colombianas fue desarticulada en dos pisos de los distritos Centro y Usera. En total, las investigaciones apuntan a un entramado que empleaba inmuebles alquilados como prostíbulos ilegales, con un alto grado de coordinación y uso de efectivo para evitar el rastro bancario.
¿Regular o prohibir?
El caso de «Vive Madrid» reabre el debate sobre el modelo de regulación de la prostitución en España. Quienes abogan por la legalización señalan que solo así se pueden garantizar derechos laborales y sanitarios, mientras que los partidarios de la abolición consideran que toda prostitución es explotación. Mientras los políticos se enredan en la teoría, en Tetuán las trabajadoras siguen en la calle, pidiendo poder volver a su puesto.