El Gobierno retira la Orden del Mérito Civil al psiquiatra que llamó débiles mentales a los rojos
El pasado 11 de marzo, el Consejo de Ministros aprobó la retirada de la condecoración que el régimen franquista otorgó en 1951 al doctor Antonio Vallejo Nájera Lobón, fallecido en 1960. La decisión ha reabierto una grieta que va más allá del símbolo: el coste de oportunidad de estas políticas de memoria histórica en plena crisis de precios y vivienda.
Un legado científico incómodo
Vallejo Nájera fue pionero de la psiquiatría en España: creó la primera cátedra de la especialidad en la Universidad de Madrid en 1947 y reformó el sistema manicomial. Pero su colaboración con el bando sublevado le llevó a formular tesis que aún generan escalofríos. Durante la Guerra Civil, dirigió los Servicios Psiquiátricos Militares franquistas y publicó estudios donde afirmaba que ‘un marxista es un débil mental’ y que ‘la inferioridad mental de los adeptos a las ideas marxistas se manifiesta por la falta de ideales morales’. Estas conclusiones, consideradas hoy pseudocientíficas, le valieron la medalla que ahora se le retira.
Más gasto político que rentabilidad electoral
La medida, impulsada por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática, ha sido calificada por algunos sectores como ‘cortina de humo’. Mientras la inflación subyacente no da tregua y el acceso a la vivienda se vuelve quimérico para los jóvenes, el Gobierno dedica recursos a desfacer entuertos de hace seis décadas. La paradoja es mayúscula: el destinatario de la medalla lleva 64 años muerto. Como apunta un análisis, ‘el insigne doctor murió en 1960, por lo que la retirada de la condecoración le debe importar una mierda’. La pregunta que flota es si este tipo de gestas simbólicas justifican el tiempo y el dinero invertido en tramitarlas.
Revisionismo histórico o ajuste de cuentas
Los defensores de la retirada sostienen que honrar a quien patologizó al adversario político es una afrenta a la democracia. Señalan que Vallejo Nájera también dio cobertura científica al robo de bebés para ser educados en la moral católica. Por contra, sus detractores ven una deriva ‘woke’ que quiere reescribir la historia: ‘Quien controla el pasado, controla el presente’, ironizan. En medio, una anécdota reveladora: al dar la noticia en televisión, algunos medios ilustraron la información con la foto del hijo del doctor, también psiquiatra, fallecido en 1990, confundiendo a padre e hijo. El detalle no es baladí: revela el escaso conocimiento que la mayoría de la población tiene de la figura de Vallejo Nájera, reducido a un apellido hasta que la polémica lo rescató del olvido.
¿Y ahora qué?
La decisión ya está tomada, pero la batalla cultural no cesa. Mientras unos ven en la retirada un gesto de justicia histórica, otros la consideran una pérdida de tiempo y credibilidad institucional. Lo que nadie discute es que el doctor Vallejo Nájera, con sus certezas irrefutables sobre la inferioridad mental de los rojos, sigue generando el mismo debate que medio siglo atrás. La diferencia es que entonces le daban medallas; ahora se las quitan.