Porculismo y culoenpompismo: cuando el debate económico se vuelve esperpento
El lenguaje económico suele tener sus propias modas y excesos retóricos. Pero de vez en cuando emerge una terminología que trasciende lo técnico para adentrarse en el puro esperpento. Es el caso del duelo dialéctico entre el “porculismo yankee” y el “culoenpompismo europeo”, una dicotomía que, bajo su apariencia chusca, esconde una crítica —o una parodia— a los modelos económicos de ambas orillas.
¿Qué se esconde tras los insultos económicos?
El “porculismo” alude a la tendencia estadounidense a la sobreconfianza, la financiarización y el mercado sin red: un capitalismo de yolo que todo lo fía al crecimiento. Frente a él, el “culoenpompismo” caricaturiza la burocracia comunitaria, la regulación excesiva y el miedo al riesgo que lastrarían la competitividad europea. En ambos casos, el neologismo no busca el análisis fino, sino la sonrisa —o el cabreo— del lector.
El fondo de la parodia
Por detrás de la chanza, el debate toca fibras reales: la brecha de innovación, la rigidez laboral europea, la desigualdad estadounidense. Pero también refleja la tentación de reducir debates complejos a etiquetas soeces. Al final, tanto porculistas como culoenpompistas pueden estar perdiendo de vista lo que importa: cómo se distribuye la riqueza y quién paga los platos rotos.
Que la economía necesite un baño de realismo está claro. Pero quizá no a costa de convertir la discusión en una pelea de bar. El esperpento, bien dosificado, puede ser divertido; como único plato, acaba indigestando.