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Marc Vidal, economista, sobre la…
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Marc Vidal sostiene que el problema de la vivienda no es el precio de los inmuebles, sino el precio del trabajo. España depende de sectores de baja productividad que generan salarios insuficientes para emanciparse.
Marc Vidal, analista económico y divulgador tecnológico, colaborador del programa 'Herrera en Cope', lo tiene claro. El problema no es el precio de la vivienda, es el precio del trabajo. La frase resume su tesis sobre la crisis habitacional en España y apunta a una raíz más profunda que la especulación inmobiliaria.
Para Vidal, España depende demasiado de sectores económicos que generan un reducido margen de productividad y riqueza. Entre ellos señala la hostelería, el comercio minorista, los cuidados o parte de la pequeña industria tradicional. A estas actividades les atribuye un «techo de productividad incorporado», un límite estructural que impide que los salarios crezcan por mucho que se trabaje más o mejor. No es una cuestión de cualificación individual, sino de la naturaleza del sector.
El argumento conecta directamente con el mercado de la vivienda. Si los salarios no suben, el acceso a un inmueble no mejora por mucho que se regulen los precios. Vidal sostiene que el problema de la vivienda es, en realidad, un problema de rentas. Regular el mercado sin tocar la estructura productiva es, en su análisis, empezar la casa por el tejado.
Los números respaldan esa lectura. Más del 85% de los jóvenes sigue viviendo en casa de sus padres. La edad de emancipación en España se ha disparado ya por encima de los 30 años, cuatro puntos más que la media europea. Esa brecha no se explica solo por el precio de los alquileres.
Si el problema fuera únicamente el coste de la vivienda, la diferencia con Europa se repartiría de forma más uniforme entre países con mercados tensionados. La comparación apunta a otra variable: la capacidad de generar ingresos suficientes para sostener un proyecto de vida autónomo. Vidal insiste en que no se trata de un problema de esfuerzo individual ni de falta de ganas de independizarse.
Sectores enteros de la economía española tienen un techo de productividad que hace imposible pagar salarios que permitan emanciparse. El joven que trabaja en hostelería o en comercio minorista no está peor pagado por falta de cualificación, sino porque el sector en el que trabaja no genera el valor suficiente para pagar más. Ese diagnóstico desplaza el foco desde el mercado inmobiliario hacia el mercado laboral.
Frente a este diagnóstico, Vidal considera que políticas como la limitación de precios del alquiler, las restricciones a los pisos turísticos o la ampliación de subvenciones son simples parches. Permiten ganar algo de oxígeno, pero no resuelven el problema de fondo. A cambio, advierte, traen peores consecuencias.
Sobre los pisos turísticos, su posición es matizada. «Igual no es muy 'liberal', pero lo de los pisos turísticos se nos ha ido de las manos», ha dicho. No lo dice tanto por su afectación en el precio de la vivienda, que a su juicio tiene otras vías de arreglo, sino por el efecto en la convivencia. En ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Palma de Mallorca, la tensión entre propietarios y arrendatarios se ha agravado.
El análisis llega en un momento de eclosión social. Las protestas por la vivienda han llenado la Puerta del Sol de Madrid y otras capitales. El desahucio de Maricarmen desató una cadena de movilizaciones que han provocado un terremoto político. El Gobierno de Pedro Sánchez ha aprobado a toda velocidad un decreto con nuevas políticas de vivienda que ha abierto grietas entre sus socios. Vidal no cree que ese sea el camino.
La solución que plantea Vidal no es regulatoria, sino productiva. El objetivo debería ser reorientar el aparato económico hacia actividades de mayor valor añadido. Solo así se generarán salarios que puedan sostener un proyecto de vida autónomo.
La idea no es nueva en economía, pero choca con la estructura actual del mercado laboral español. Cambiar la composición sectorial de una economía lleva años, no decretos. Mientras tanto, la vivienda sigue siendo el síntoma visible de un problema que se cuece en la nómina.
Para Marc Vidal, el acceso a la vivienda no debería ser un lujo inalcanzable para muchos. Y ese lujo empieza a fraguarse en el tipo de empleo que ofrece un país. Si el trabajo no paga lo suficiente para independizarse, ninguna política de precios arreglará el fondo del asunto. La advertencia tiene miga: se puede regular el mercado de la vivienda, pero no se puede decretar que los salarios suban. Como toda tesis económica, la suya es una interpretación de los datos, no un pronóstico cerrado.
Marc Vidal, economista, sobre la…