El eclipse de 8 minutos y el punto violeta de 1.500 euros: cuando la prevención se convierte en subvención
El verano traerá un eclipse solar total que apenas durará ocho minutos de oscuridad. El PSOE ha decidido que ese breve lapso merece un despliegue especial de puntos violetas para prevenir agresiones sexuales. La información, difundida por The Objective, ha desatado un intenso debate sobre la relación entre el coste y el beneficio real de la medida.
La factura no es simbólica. Cada punto violeta, según los datos que han circulado, cuesta entre 800 y 1.500 euros al día. Es decir, un solo dispositivo consume, en una jornada, más de lo que un trabajador medio gana en un mes. Para un evento de apenas unos minutos, el coste resulta difícil de justificar incluso desde una perspectiva preventiva.
Negocio con el miedo
Los puntos violetas no son una novedad en España: llevan años instalándose en festivales, verbenas y fiestas patronales. La novedad es aplicarlos a un fenómeno astronómico. La gestión de estos dispositivos suele recaer en ONG afines al partido, una pauta que ha abierto la sospecha de clientelismo. El caso de Maracena, un municipio de 18.000 habitantes, se ha citado como ejemplo de contratación de personal para la gestión del feminismo con cargo al presupuesto municipal. Según algunos análisis, el entramado del “feminismo de pago” mueve miles de millones de euros al año.
El coste de oportunidad
Mientras se destinan recursos públicos a un eclipse que durará menos que un capítulo de una serie, las listas de espera sanitaria siguen alargándose, la vivienda continúa siendo inaccesible para las nuevas generaciones y la pobreza infantil mantiene a España en los puestos de cabeza de Europa. El contraste es tan evidente que la medida parece diseñada para sostener una red clientelar que necesita seguir recibiendo fondos. La ironía llega a su punto culminante con el cálculo: por el coste de un solo punto violeta durante un día se podría invitar a sangría a un pueblo entero, o comprar el material necesario para montar el puesto, el cartel y la silla.
El asunto de fondo no es el eclipse, sino la lógica del gasto público. Nadie cuestiona la necesidad de proteger a las mujeres frente a la violencia. Lo que resulta difícil de explicar es que un evento de ocho minutos justifique un desembolso de 1.500 euros por punto, y que ese dinero salga de unas arcas públicas que no llegan a los servicios esenciales. Mientras tanto, la única conclusión que no admite discusión es que el eclipse pasará, el gasto se habrá realizado y la red clientelar seguirá intacta.