Porque llegar el primero obliga a mojarse, y mojarse expone a que te corrijan. El que vive pegado a la pantalla no investiga para decir algo, investiga para no decir nada hasta tener la cita, el enlace y la coma puesta. Cuando por fin teclea ya lo ha dicho otro y tú has perdido el hilo.
No es lentitud, es un mecanismo de defensa. Un tío así no llega tarde por torpe, llega tarde por precaución. Su subconsciente sabe que el primero en hablar es el primero en quedar retratado, y prefiere el segundo puesto del que repite con fuente que el primero del que se arrima al cristal.
Añádele la incoherencia fiscal: cero euros en la barra del bar, un teclado mecánico de 180 pavos y tres años de lectura acumulada. Con ese bagaje lo único a lo que llega a tiempo esa almohadilla del sillón.
