Doctor Nunca
Madmaxista
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Alguien tiene que analizar qué le pasa a este país desde hace décadas con ese ruido constante del reggaeton.
Un sonido machacón elaborado en Puerto Rico que, lejos de alegrar el día o despertar algo en el oyente, moviéndole a nobles sentimientos, lo sumerge en una pasividad abúlica y casi animal.
Al ser un sonido opaco y primitivo producido en serie, el individuo no entra en un universo musical, donde unos sonidos llevan a otros hasta conformar un gusto propio (pues esto supondría liberar su alma y eso va contra la obediencia debida) sino que se transforma en una pieza más del engranaje.
Cuando la clase media tenía dinero había tribus urbanas que hacían de contrapeso a la oleada turística de esos sonidos. Pero en algún momento, por la izquierda se empezó a acusar a las músicas rock, indie o heavy de ser eurocéntricas. Y por la derecha a acusarlas de ser cosas de pogre alejados del verdadero "pueblo".
Por complejo, se mató la buena música o se redujo a una nostalgia solitaria. Reprobar al reggaeton se volvió demasiado mainstream.
Con la música trap, incluso, se asumen sus presupuestos y se intenta ganar lo lumpen para una nueva "élite" cultural anti boomer.
El abandono de los medios masivos en favor de los algoritmos personalizados sacó a la buena música de la calle y frenó su divulgación.
La llegada masiva de forasteros latinoamericanos propagó aún más este ritmo primitivo como una mancha de aceite por un país ya sin demasiado gusto musical.
Pero, ¿no es Latinoamérica la cuna del tango, el merengue, el joropo, la habanera, la salsa, la cumbia y tanto folclore popular que animó las fiestas españolas desde siempre? ¿Qué se hizo de ellos?
El reggaeton es una creación de la industria estadounidense, a través de su hub en el cono sur; Puerto Rico, para obtener la mayor rentabilidad con la mínima inversión, dando la espalda a los artistas y a la buena música y aliándose con el lumpen para expandir su turbio negocio.
Un sonido machacón elaborado en Puerto Rico que, lejos de alegrar el día o despertar algo en el oyente, moviéndole a nobles sentimientos, lo sumerge en una pasividad abúlica y casi animal.
Al ser un sonido opaco y primitivo producido en serie, el individuo no entra en un universo musical, donde unos sonidos llevan a otros hasta conformar un gusto propio (pues esto supondría liberar su alma y eso va contra la obediencia debida) sino que se transforma en una pieza más del engranaje.
Cuando la clase media tenía dinero había tribus urbanas que hacían de contrapeso a la oleada turística de esos sonidos. Pero en algún momento, por la izquierda se empezó a acusar a las músicas rock, indie o heavy de ser eurocéntricas. Y por la derecha a acusarlas de ser cosas de pogre alejados del verdadero "pueblo".
Por complejo, se mató la buena música o se redujo a una nostalgia solitaria. Reprobar al reggaeton se volvió demasiado mainstream.
Con la música trap, incluso, se asumen sus presupuestos y se intenta ganar lo lumpen para una nueva "élite" cultural anti boomer.
El abandono de los medios masivos en favor de los algoritmos personalizados sacó a la buena música de la calle y frenó su divulgación.
La llegada masiva de forasteros latinoamericanos propagó aún más este ritmo primitivo como una mancha de aceite por un país ya sin demasiado gusto musical.
Pero, ¿no es Latinoamérica la cuna del tango, el merengue, el joropo, la habanera, la salsa, la cumbia y tanto folclore popular que animó las fiestas españolas desde siempre? ¿Qué se hizo de ellos?
El reggaeton es una creación de la industria estadounidense, a través de su hub en el cono sur; Puerto Rico, para obtener la mayor rentabilidad con la mínima inversión, dando la espalda a los artistas y a la buena música y aliándose con el lumpen para expandir su turbio negocio.