Muerte en la montaña: el etarra que cumplía 123 años de condena
Cuando un sistema judicial impone 123 años de prisión, pocos esperan que 12 después el condenado esté haciendo senderismo por el monte. Pero en España, la política penitenciaria con los presos de ETA ha generado paradojas como la de Iván Apaolaza, cuyo cadáver fue hallado el pasado domingo en el Parque Natural de Peñas de Aia, en Guipúzcoa. Apaolaza, condenado en 2014 por asesinato terrorista, disfrutaba del tercer grado cuando falleció desorientado. La noticia ha desatado un aluvión de reacciones que oscilan entre la celebración y la crítica al sistema.
Una condena de 123 años, once de cárcel
Iván Apaolaza fue sentenciado a 123 años de prisión en 2014 por su participación en atentados de ETA. Sin embargo, en 2019 la izquierda abertzale anunció su desvinculación, y meses después obtuvo el tercer grado, un régimen de semilibertad que le permitía salir de la prisión durante el día. Según la información disponible, el exetarra de 54 años salió ayer a realizar una ruta de montaña y no regresó. Su cuerpo fue localizado por los servicios de emergencia.
Celebración y crítica: las dos caras del debate
La muerte de Apaolaza ha provocado un coro de comentarios que, en su mayoría, expresan satisfacción por el desenlace. Frases como "un asesino menos" o "justicia divina" se repiten entre quienes consideran que el sistema ha sido demasiado indulgente. Por otro lado, un sector más reducido critica la situación penitenciaria: que un condenado a más de un siglo de prisión pudiera pasear por la montaña es, para muchos, la prueba del fracaso de la política de reinserción y del llamado "clubbing de ETA". Algunas voces incluso han mostrado simpatía por el fallecido, calificándolo de "combatiente vasco". El debate refleja una herida social aún abierta.
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