Anillos de Poder: la serie más cara de Prime Video divide
El proyecto más caro de la historia de la televisión no tropieza por su presupuesto, sino, según se sostiene en el hilo, por los derechos que Amazon no tenía. La adaptación de El Señor de los Anillos arrancó el 2 de septiembre en Prime Video con la promesa de narrar la Segunda Edad de la Tierra Media, miles de años antes de las películas de Peter Jackson, y desde el primer episodio se instaló la sospecha: sin acceso a las novelas, solo a los apéndices, ¿qué margen quedaba para la fidelidad?
Esa es, para quienes lo plantean así, la clave jurídica y económica del asunto: Amazon habría comprado el nombre y los apéndices, no los libros. De ahí salen personajes reconstruidos, tramas inventadas y un pulso constante con la parte del público que conoce a Tolkien y no ha dejado de señalar las costuras.
¿De qué derechos dispone realmente Amazon?
La pregunta sobrevuela toda la discusión. El resumen más repetido recurre a una analogía incómoda: disponer solo de los apéndices es como rodar una película de Star Wars con derechos únicamente sobre los títulos iniciales. Con ese punto de partida, y según esa lectura, la serie se sostiene sobre material secundario y desarrolla mucho de lo que Tolkien dejó esbozado o directamente no escribió.
El resultado, para una parte de la audiencia, es una suerte de
fan fiction de altísimo presupuesto. No falta quien recuerda que figuras centrales como
Galadriel aparecen transformadas: en la obra forma parte de una genealogía concreta y de un matrimonio concreto —su nieta es Arwen—, mientras que en pantalla se le da un perfil muy distinto. El canon, insisten, se manipuló antes incluso de discutir si la adaptación gusta o no.
La Segunda Edad, el escenario del estreno
La serie se sitúa en la Segunda Edad, cuando se forjan los grandes poderes, los reinos suben y caen y aparece un mal que acabará siendo reconocible:
Sauron. El planteamiento inicial anunciaba los orígenes de la enemistad entre elfos y enanos, la ambición de los hombres y el germen de la oscuridad que ya conocemos de la trilogía.
En pantalla, ese marco se traduce en un ritmo lento. La fotografía y los efectos se elogian, pero se critica el abuso del CGI y una banda sonora que acompaña sin épica. Como curiosidad que se repite, el volcán que se forma en la ficción es el propio
Monte del Destino, el Orodruin de la trilogía; el detalle pasa de la anécdota al dato cuando se discute cuánto respeta la cronología fijada por Tolkien.
Galadriel, de hechicera a guerrera
El personaje que más tinta ha hecho correr es Galadriel. En la obra es una de las figuras más poderosas del presente narrado, con un poder de naturaleza mágica. En la serie se la convierte en combatiente de primera línea, una decisión que choca con quienes esperaban a la hechicera. Hay quien sostiene que se le niega su verdadera fuerza para mostrarla como un estereotipo de acción; otros defienden que el medio televisivo exige otro ritmo y otro tipo de protagonismo.
La interpretación, además, no ha convencido a varios usuarios: se habla de un registro plano y de un arco con rasgos de figura imbatible. La escena de la travesía nadando entre continentes se ha convertido en el ejemplo recurrente de una licencia que rompe la lógica interna del relato.
El reparto y la fidelidad al texto
Otra línea de fricción es la elección de actores para elfos, enanos y ancestros de los hobbits. Parte del público considera que las descripciones físicas de Tolkien no se respetan, y una corriente de opinión lo enmarca en un patrón más amplio de adaptaciones recientes —La rueda del tiempo, Fundación— donde la fidelidad al texto original se ha convertido en argumento y no en detalle menor.
Varios usuarios coinciden en que, con independencia del reparto, la serie falla también en otras cosas: guion, dirección y actuaciones. La idea que más circula es incómoda para Amazon: puede ser infiel al canon y, encima, aburrida. La presencia de votos entusiastas en algunas plataformas de crítica, como recoge un usuario, no ha hecho más que avivar esa sospecha.
Lo que sí funciona: Sauron y el uruk
El consenso más insólito llega por los villanos. El
uruk y, sobre todo,
Sauron se llevan los mejores comentarios: tienen poso en la historia, motivación y presencia. Frente al desaliento de los personajes humanos, la frialdad de los elfos y el lastre de las tramas secundarias, los antagonistas sostienen la función.
El resto arrastra. Los humanos aburren, los enanos marean y las tramas de los ancestros de los hobbits se convierten en las más prescindibles. Una parte del público admite que las ve para comprobar qué hace el mago del meteorito y poco más.
Segunda temporada, tercera y el precio de Prime
La segunda temporada se ha valorado mejor que la primera por quienes comparan ambas. Algunos la siguen solo por el contenido derivado: las críticas humorísticas se han convertido en una forma de entretenimiento paralelo, y hay quien admite que ve los episodios para luego poder reírse de ellos. El arranque de esa segunda tanda, en cambio, se ha criticado por destripar demasiado en el propio tráiler.
Pese a todo, un usuario da por hecha la confirmación de una
tercera temporada y se menciona la subida del precio de Prime, que en su día se justificó, entre otras razones, por esta producción. La pregunta sigue sin cerrarse: ¿cuánto de un producto cultural puede sostenerse sobre un nombre y unos apéndices?