drojadisto
Madmaxista
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Siete sellos, siete trompetas y…
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Las profecías del Apocalipsis, con sus sellos, trompetas y copas, podrían interpretarse a la luz de eventos astronómicos como la aproximación del asteroide Apophis en 2029, planteando un escenario de catástrofe global.
El Apocalipsis, ese libro del Nuevo Testamento que tantos dolores de cabeza ha dado y sigue dando, es un texto fascinante. Se nos presenta como una profecía, pero la idea de profecía, tal como la entendemos hoy, suele estar cargada de misticismo y esoterismo. Sin embargo, si miramos atrás, allá por 1814, un tal Laplace ya imaginaba una "máquina" teórica capaz de prever el futuro si la física se desarrollaba de forma determinista. Una idea que, vista así, nos invita a releer ciertos textos antiguos con una perspectiva diferente.
Incluso se podría pensar en las tres grandes religiones abrahámicas como un hilo conductor, una evolución de contacto con alguna otra "instancia". Claro está, esto es si ampliamos el marco. Si nos ceñimos a una visión puramente científica, atea, y descartamos la telepatía como ciencia ficción, cualquier persona que afirme recibir voces o visiones acabaría, hoy, con un diagnóstico de esquizofrenia. Hace mil años, eso se traducía en la hoguera por brujería. Se ha avanzado, sin duda. Pero también es cierto que hay temas que quizás no se han explorado lo suficiente.
El problema es que el mundo, por desgracia, está plagado de charlatanes, de gente que vive al día y, peor aún, de aquellos con intenciones menos nobles. A pesar de todo, el Nuevo Testamento ha llegado hasta nuestros días como parte de la Biblia moderna. Y si echamos un vistazo a su contenido, hoy en día, hacer ciertas afirmaciones podría llevarnos directamente al psiquiátrico. En el judaísmo, por ejemplo, no se le da mucho crédito. Pero si nos detenemos en el esquema básico del Apocalipsis: siete sellos, siete trompetas y siete copas, la estructura es clara.
Y es que la cosa se vuelve relevante ahora, aunque siempre hay quien predice el fin del mundo, por la cercanía de Apophis, un asteroide que se espera para 2029. Si analizamos el contenido de las "siete trompetas", podríamos interpretarlas como sirenas de emergencia, de las que suenan ante catástrofes. Lo que describen, si lo interpretamos bien, parece ser un "invierno nuclear" provocado por el impacto de un meteorito.
Si a esto le sumamos que entre 2026 y 2036 se cumple un periodo de unos 2000 años desde la crucifixión de Jesús (cuya fecha exacta no está clara, pero coincide con el periodo de Poncio Pilatos en la región), pues uno no necesita ser muy creyente ni muy supersticioso para sentir cierta inquietud. Y si tiramos del hilo hacia atrás, y pensamos que las trompetas podrían tener un sentido científico en sus descripciones, el panorama se torna interesante.
Las descripciones de las "siete trompetas" apuntan a una serie de eventos catastróficos. Hablan de incendios, fenómenos atmosféricos extremos e inusuales, impactos y tsunamis, contaminación de las aguas. Luego, una ofuscación de la atmósfera, descrita como una pérdida de un tercio de la luminosidad, afectando al sol, la luna y las estrellas. Le siguen plagas derivadas del desequilibrio ecológico y, finalmente, una guerra desencadenada por la situación, con la impresión de que el invierno que se avecina podría ser, esta vez sí, nuclear.
Es una lectura que, cuanto menos, pone los pelos de punta. Y uno se pregunta si los sellos, esos que abren el camino a las trompetas, podrían tener también una explicación terrenal. La cosa empieza con los cuatro jinetes: Conquista, Guerra, Hambre y Muerte. ¿Hemos visto estos jinetes más de lo habitual últimamente? Son los primeros cuatro "sellos". El quinto es especialmente llamativo, pues hace referencia a los que han muerto "por la palabra de dios".
Si analizamos las religiones abrahámicas de forma secuencial y transversal, el cristianismo es una modificación del judaísmo, y el islam, una enmienda a ambos. Si entendemos esta secuencia como una interacción decreciente con alguna otra "instancia", es fácil identificar esa "palabra de dios" con el propio pacto abrahámico y el legado del "pueblo elegido". ¿Ha sufrido alguien recientemente pesares más allá de lo habitual por esa elección? Pensemos en Gaza, por ejemplo. Podría ser ese el quinto sello.
¿Y el sexto sello? El sol oscurecido… (aunque sea un fenómeno local, da que pensar), estrellas cayendo sobre la tierra (como las Perseidas), la luna roja… (ese eclipse me lo perdí), terremotos… Una lectura sutil de estos eventos podría darnos un pleno al quince en muchas latitudes. Aunque con eso de la "ira del cordero", uno ya no sabe a qué atenerse.
Aquí merece la pena hacer un inciso para hablar de la figura de Billy Meier. Se le conoce como el "profeta del séptimo sello", o eso tengo entendido. Es una figura emblemática del "contactismo", que asegura estar en comunicación con seres de las Pléyades desde su infancia. Vicios peores hay, claro. Para algunos es emblemático, para otros, ampliamente desacreditado. Controvertido, sin duda. El caso es que este hombre predijo en 1981 que un "meteorito rojo" partiría Eurasia por la mitad. Al igual que con la profecía bíblica, cualquiera que esté aquí es un buen candidato para ser sorprendido.
El Nuevo Testamento es mucho más detallado, porque después aún quedan las siete copas. Habla de un falso profeta, de esa "marca de la bestia" sin la cual nadie podrá comprar o vender… pero eso sería más adelante. Se diría, y sé que siempre hay gente buscando los signos del fin del mundo en su presente, que estamos en tiempos del séptimo sello. Silencio en los cielos.
Tal vez sí, tal vez no. Al final, la descripción de Juan se asemeja a la de un pastor al que le han pasado un PowerPoint del Apocalipsis, y que ha intentado captar lo que ha podido y como ha podido. La respuesta a si este pequeño cúmulo de sincronicidades es más casualidad que causalidad la tendremos en 2029.
Lo previsto es que Apophis, que no sé de qué color es, pero si llega a entrar en la atmósfera, te aseguro que se pondrá bien rojo, pase a unos 32.000 km de distancia. Eso es menos de una décima parte de la distancia a la luna y más cerca que la órbita de algunos satélites. Se supone que tiene unos 350 metros de diámetro. El que borró a los dinosaurios era varios kilómetros mayor, pero lo cierto es que no tenemos registro de un impacto de esa envergadura.
La verdad es que va a ser una buena racha para la astronomía por aquí: tres eclipses seguidos y el paso de Apophis como colofón. Se supone que pasará de largo y volverá a orbitar más lejos en 2036, pero estos cálculos, digamos que siempre están sujetos al error de los sistemas caóticos. Pequeñas diferencias en la medición pueden generar desarrollos muy distintos. Es muy posible que tras el paso en 2029 haya que recalcular la órbita para la próxima pasada. Si es que realmente pasa de largo, cosa que está por ver. Si lo planteado fuera cierto, sería humillante que alguien hubiera calculado un evento con 2000 años de antelación y con mayor precisión. Sería, a nuestros ojos, un milagro.
Así que nada, ya tenemos un nuevo 2012 en el horizonte. Para que al menos haya algo que esperar. Releer el Apocalipsis tranquilamente, por ejemplo. Con la certeza, o no, de que "el milenarismo va a llegar".
Siete sellos, siete trompetas y…