El hilo deja el derecho y pasa a las anécdotas del piquete
Un vídeo aterriza en el hilo y por ahí se va todo. Este tramo no discute si hay huelga o no: discute quién puede hacerla, quién manda en la convocatoria y qué pasa cuando alguien decide entrar a clase igualmente. Y lo que entra nuevo son los testimonios: foreros contando lo que vieron en su facultad, con un piquete delante de la puerta.
Qué se ha sabido
Lo primero que se pega es un vídeo.
aron01 dice que no hace falta darle al play para saber a quién representan los portavoces. midelburgo se queda en la cara: habla de «caretos de NPCs preprogramados a base de slogans» y no entra al contenido.
El argumento jurídico vuelve, y esta vez sin nadie enfrente. Discordante: «No existe la huelga de estudiantes, como no existe la huelga de jubilados. La huelga es un derecho de los TRABAJADORES». Larata apunta lo mismo en una línea: «El derecho a huelga es de los trabajadores, no de los estudiantes». Y el segador lo repite por tercera vez, con el añadido de que, a su juicio, el sistema solo persigue idiotizar a las generaciones sucesivas. En el tramo anterior esto se discutía; aquí se asienta y nadie lo toca.
Los piquetes dejan de ser una hipótesis. Peritta sostiene, en un mensaje largo, que unos pocos cierran el paso a cualquier recinto docente, incluidos campos de deporte, y que no hay manera de desbloquear esa puerta, sobre todo si la policía les da la razón o contemporiza. En la misma línea, la_trotona afirma que en la ciudad de Madrid, con los antidisturbios a la vista, se largan, y que el problema está en los municipios donde la policía contemporice.
Dos aportaciones más. Gutiérrez que le veo dice que ha visto jubilados en esto de los «estudiantes» y que no lo dice por decir. Y Gonzalor pregunta si alguno de esos sindicalistas estudia de verdad o son, en su opinión,
títeres pagados. Nadie lo comprueba.
Dónde está la bronca
El choque se ha movido. Ya no es el derecho de huelga, que se da por cerrado a favor de la tesis laboral. Ahora se pelea por tres cosas.
La primera: si tiene sentido protestar contra un servicio que ya has pagado. lagartiniano lo desarrolla con una comparación: ir a un restaurante donde sirven comida podrida y protestar pagando la cuenta e irse. Y remata: si estás en la universidad por elección propia, «es como hacer huelga contra uno mismo».
Nadie le responde.
La segunda: quién está detrás. BudSpencer lo atribuye a Sumar, Más Madrid y Podemos, que según él activan su maquinaria de spam porque las elecciones se acercan. Peritta va más lejos y sostiene que están a sueldo, que hacen campaña y siguen órdenes. Son afirmaciones que se lanzan sin prueba y que quedan ahí.
La tercera: el piquete contra el que quiere entrar. Es donde hay más coincidencia y menos respuesta. Y es el asunto que engancha con los testimonios.
Los piquetes, contados por dentro
chainsaw man cuenta cómo era en su facultad, la de Informática, cuando había huelga: los piquetes entraban a las clases a reventarlas, los profesores no solían hacer nada y les dejaban soltar el discurso. Cuando terminaban, eran los propios alumnos los que les decían que se fuesen, que había clase. Y se ponían como fieras, dice, porque no esperaban eso. Funcional responde que en las demás también pasaba y que la cosa viene de antes. arretranco_70 cambia de tercio y pide imaginar a esta gente en el frente, en una guerra cada vez más posible.
Qué cambia respecto a antes
Fuera el informe PISA y fuera la ficha del sindicato: en este tramo no aparecen. Lo que entra es experiencia personal, y con ella el piquete deja de ser un supuesto legal para convertirse en algo que varios cuentan haber visto. También cambia el tono: hay más ocurrencia corta y menos discusión. meñakoz pregunta si la princesa Leonor también se ha puesto en huelga; fluffy suelta que los de educación especial también; trellat deja dos líneas sobre el futuro; Klaus María se queda en un «Otros tiempos...» sin desarrollo; Pelayo90 aprovecha para meter el precio de la vivienda en Madrid, un piso a un millón. Y varios se quedan en la cara de los portavoces.
Lo que no cambia: nadie dice qué demandas se negocian ni qué haría desconvocar. weyler propone su propia reforma —asistencia obligatoria, suspender si no vas, expulsión si no rindes— y la conversación sigue sin fecha de vuelta. preludio lo resume a su manera: que se van a atrincherar en el bar y no salen hasta final de curso.