Huelga indefinida de estudiantes contra las políticas de Ayuso
El curso acaba de arrancar y el Sindicato de Estudiantes ya ha movido ficha. La organización ha convocado una huelga indefinida contra las políticas de Isabel Díaz Ayuso, y lo ha hecho con un mensaje que no admite matices: «Los estudiante iremos a una huelga indefinida y NO estudiaremos». Sin fecha de vuelta, sin calendario de negociación sobre la mesa y con las aulas recién estrenadas.
Quién convoca la huelga y a quién representa
El Sindicato de Estudiantes se presenta como una organización revolucionaria, marxista, antifascista, obrera y anticapitalista. Sobre el papel, una convocatoria así debería arrastrar a miles de alumnos. En la práctica, la primera duda que emerge es de representatividad: hay quien señala que sus portavoces no han sido elegidos por nadie y que su base de afiliados es reducida. Hay quien sostiene que el grueso del sindicato son cuadros de activistas y no una masa estudiantil, y hay comentarios que señalan que buena parte de su dirección supera la treintena, lejos del perfil del alumno de grado.
¿Por qué se convoca justo al empezar el curso?
El calendario no es casual y resulta muy elocuente. Un comentario en el hilo apunta que la matrícula se abona al inicio del curso, no mes a mes. Según ese mismo comentario, un parón indefinido no generaría presión económica alguna ni sobre las cuentas universitarias ni sobre el bolsillo de los propios convocantes. Como se apunta en ese comentario, la protesta tendría otro alcance si implicara dejar de pagar los créditos, pero el pago ya está hecho. La contrapartida la asume quien necesita el aula para aprobar y se encuentra la puerta cortada.
El trasfondo: universidad pública frente a privada
Más allá de la pancarta, la convocatoria destapa un malestar más viejo. Una parte del diagnóstico sostiene que a la universidad pública le interesa poco la docencia y más los másteres caros, los convenios con empresas y la producción investigadora. La otra mitad del cuadro es que ese descontento no se traduce en matrículas privadas por casualidad: el crecimiento de los centros de pago se explica, según este relato, por la sensación de que allí el aula funciona. No es una tesis que nadie haya medido con cifras cerradas, pero aparece en el debate.
¿Puede un estudiante secundar una huelga?
Aquí aparece el debate jurídico de fondo. Hay quien sostiene que la huelga, en sentido estricto, es un derecho de los trabajadores asalariados; un alumno no cobra un salario por estudiar, así que la figura se queda en un limbo jurídico. Eso no impide la movilización, pero sí relativiza su condición de paro formal. El punto más delicado que se señala es el piquete: impedir el acceso a clase a quien sí quiere entrar convierte una protesta en un conflicto con terceros que no la secundan.
Nadie concreta qué demandas se negocian ni qué haría desconvocar. La huelga sigue abierta, sin fecha de cierre, y la pregunta de por qué Ayuso vuelve una y otra vez sin respuesta cerrada. Ahí se queda el cálculo: mucho gesto, pocas cuentas.