El plan de Starmer para prohibir las redes a los menores: ¿protección o excusa para el control?
¿De qué sirve prometer una acción «decisiva» contra el daño digital si al mismo tiempo se ignoran problemas que matan en la calle? El Gobierno británico, con Keir Starmer al frente y la secretaria de Tecnología Liz Kendall como lanza, planea vetar el acceso de los niños a las redes sociales. La ventana para implantar las nuevas medidas se fija a finales de 2026 para menores de 16 años, justo cuando Starmer enfrenta un posible desafío de liderazgo. La promesa de un «cambio de juego» suena a cortina de humo.
La pregunta técnica es inmediata: ¿cómo piensan ejecutar la prohibición? Un simple pop-up de verificación de edad sería ridículo. La experiencia con el control de contenidos adultos anticipa un escenario de identificación masiva, con DNI o selfies, para todos los usuarios. El argumento de proteger a los niños sirve de coartada para extender la vigilancia al conjunto de la población, un viaje de ida hacia la pérdida del anonimato en internet.
El escepticismo no es solo técnico. Mientras el Gobierno británico se apresura a blindar a los menores del «peligro» de las pantallas, los delitos con cuchillo siguen campando a sus anchas. La selección de prioridades resulta cuando menos sospechosa. La sombra del historial de Starmer como fiscal jefe, que según ciertas críticas habría tapado casos graves de abusos a menores, planea sobre la iniciativa. El mismo Ejecutivo que ahora se erige en defensor de la infancia es el que, según algunos análisis, tiene cuentas pendientes en la materia.
La analogía con el 11-S se repite: después de los atentados, viajar en avión se volvió un calvario de cacheos y restricciones con la excusa de la seguridad. Aquí, la seguridad de los niños es el pretexto para un control digital generalizado. El resultado previsible es que los menores, listos para sortear cualquier barrera técnica, seguirán accediendo igual, mientras los adultos pierden libertades. El camino hacia la identificación obligatoria en cada web está allanado. Cuando el anonimato sea un lujo de .onion, nos preguntaremos si la protección era real o solo un envoltorio.
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