Aznar abre otra grieta en la derecha con su frase sobre inmigración
El último posicionamiento público de José María Aznar sobre inmigración ha vuelto a partir en dos a la derecha española. El expresidente defendió la entrada de trabajadores extranjeros con una frase —«si cada vez somos menos españoles, alguien tendrá que hacer el trabajo»— que sus críticos leen como una enmienda a Vox y sus simpatizantes como una obviedad demográfica. La etiqueta de traidor no es nueva: lleva dos décadas colgada de su biografía por haber gobernado durante el mayor pico migratorio que había conocido el país. Lo que ha cambiado es quién la usa ahora.
¿Qué ha dicho Aznar sobre la inmigración?
La declaración circula acompañada de una acusación recurrente en el análisis más hostil: que Aznar es el padrino político de Vox y que la distancia actual entre ambos es puro teatro. En la otra orilla se recuerda que su discurso nunca fue de puertas abiertas sin condiciones, sino de una inmigración latinoamericana y culturalmente próxima que se consideraba asimilable. Entre esas dos versiones se cuela un detalle incómodo para todos: los primeros alumnos ecuatorianos en las aulas españolas se fechan, en los testimonios que se difunden, en el curso 2000-2001, con Aznar en La Moncloa.
¿Existió el milagro económico de los gobiernos de Aznar?
Aquí el desacuerdo es más crudo. Una parte esgrime gráficos de actividad y empleo para sostener que España creció como nunca en aquellos años. La réplica, cada vez más repetida: correlación no implica causalidad, y lo que hubo fue prestidigitación contable sobre una burbuja inmobiliaria que se llevó por delante a la siguiente generación. El desglose —privatizaciones, integración en el euro, entrada masiva de mano de obra y su efecto sobre los salarios— está desarrollado con detalle en los análisis que circulan, y la diferencia entre el relato oficial y la aritmética no es pequeña. Al margen de las cifras, parte del ruido que acompaña al asunto procede de teorías conspirativas sin ningún respaldo probatorio.
El balance aznarista que la derecha no discute
La lista de cargos es larga y la firman tanto sus adversarios como buena parte de los suyos.
- Condena del franquismo y supresión del servicio militar obligatorio.
- Venta de empresas públicas y gestación de la burbuja inmobiliaria.
- Cesión de la soberanía monetaria con la entrada en el euro.
- Apoyo a la guerra de Irak junto a Estados Unidos, una alianza que en Europa secundaba casi en solitario el Reino Unido.
- Renuncia al plan Baker y pérdida de la acción de oro en energía.
Que la mitad de esos puntos se lean hoy como méritos en Bruselas y como traiciones en Madrid explica bastante del ruido. También explica que la palabra traidor se use con tanta alegría en los dos extremos: sirve para cualquier cosa.
El problema de fondo sigue sin resolverse. Frente al «alguien tendrá que hacer el trabajo» se alinean los dos millones de parados que se citan en la réplica y quienes sostienen que la prioridad debería ser colocarlos a ellos antes que traer mano de obra de fuera. Nadie ha explicado aún por qué una economía con ese excedente necesitaba importar trabajadores, ni qué pasó con los salarios cuando llegaron. Ahí se atasca el análisis. Y ahí, con Aznar convertido otra vez en el chivo expiatorio de su propia tropa, seguirá.