Transporte público en Tenerife: cuando la evasión marca el rumbo
Cada día, los autobuses de la EMT recorren Tenerife con asientos vacíos y pasajeros que no pagan. Un usuario del sistema lo resume así: “si todos abonaran el billete, la empresa se forraría”. La realidad, sin embargo, es otra: el transporte público insular arrastra años de declive, agravado por tensiones sociales y un modelo de financiación quebrado.
El debate sobre el estado del servicio trasciende lo local. En el conjunto de España, el transporte público vive su peor momento en décadas: falta de inversión, aumento de costes y una creciente sensación de inseguridad. En Tenerife, el problema se agudiza por la presión migratoria y el turismo masivo. Mientras unos acusan a ciertos colectivos de no pagar el billete, otros señalan la falta de control y la dejadez institucional. Lo cierto es que la EMT, como otras operadoras, necesita urgentemente una reforma que combine control de fraude con mejora del servicio.
El dato que descoloca: si la evasión es tan alta que el sistema se sostendría solo con que todos pagaran, la solución parece sencilla. Pero la realidad es tozuda: el fraude es solo un síntoma de un mal más profundo.