El valor residual de los coches de combustión se desploma en China
En el mayor mercado automovilístico del mundo, los turismos de gasolina y diésel ya no valen nada al salir del concesionario. Mientras el Gobierno chino acelera la electrificación con subvenciones masivas y restricciones a la circulación de combustión, la demanda de usados térmicos se ha hundido. El resultado es un colapso del valor residual que no tiene precedentes.
El contraste con el mercado español
Mientras en China los coches de combustión pierden precio a ritmo de vértigo, en España la realidad es bien distinta. Un utilitario de 15 años y más de 200.000 kilómetros se negocia por 5.000 euros; uno de 10 años, por 10.000. Coches que antes iban al desguace ahora se venden por cifras que sorprenden incluso a los expertos. Modelos de alta gama como el Mercedes S500 o el BMW 530d se aferran a su valor, y sus propietarios se preguntan por qué venderlos.
Electrificación vs. mercado de ocasión
En paralelo, los eléctricos usados afrontan un problema aún mayor. En China apenas se reparan: cuando falla la batería, el coche es directamente desechable. En Europa, el temor a los costes de sustitución hace que los compradores huyan de ellos. Algunos analistas pronostican que, lejos de valer algo, habrá que pagar para deshacerse de un eléctrico viejo.
Con estos datos, el futuro del mercado de ocasión parece caminar hacia una paradoja: los térmicos valen cada vez menos en el país que más coches vende, mientras que en España se aferran a precios que desafían la lógica económica. El dato que descoloca: un Range Rover de gran cilindrada, que consume 20 litros a los 100, aún se cotiza por encima de cualquier utilitario eléctrico. Nadie sabe cuándo se romperá ese espejismo.