Meter la lavadora donde estaba el bidet: 300€ y dos horas de obra
¿Cuánto cuesta quitar el bidet y poner la lavadora en su lugar? La respuesta más concreta que se puede rastrear la firma alguien que lo hizo en una sola tarde: desatornillar la válvula, soltar los latiguillos, aflojar los tornillos laterales, despegar el sanitario del suelo y tapar las tomas muertas.
Dos horas de trabajo. El aparato, una lavadora de 45 cm de carga superior, ronda los
300€. El motivo no es estético: es recuperar el espacio que la colada ocupa en la cocina.
¿Qué obra hace falta para quitar el bidet y poner la lavadora?
Un bidet no está albañileado a la pared: va atornillado y pegado. Eso reduce la intervención a desmontaje, corte y sellado. La lista de materiales habitual es corta: dos tapones de 1/2 para las tomas viejas, una llave de 1/2 macho a 3/8 para el grifo, otra de 3/4 para la toma de la lavadora y una Y de PVC que reparte la salida del lavabo y la del electrodoméstico. Los tubos que quedan muertos se sellan con cemento mezclado con bicarbonato, el recurso de fontanería conocido como
hidráulica.
Ahí se acaba lo barato. La toma de agua puede reutilizarse de la del propio bidet —incluso la caliente— o tirarse del lavabo, según la distancia. Lo caro no es conectar: es picar, restaurar la superficie y dejarlo presentable. El escenario de mínimos son unas horas de fontanero. El que lleva acabados finos y electricista aparte se va muy por encima, y por eso el consejo que más circula es contratar los oficios por separado y esquivar a las empresas de reforma integral, que multiplican la factura.
¿A dónde va el desagüe de la lavadora cuando desaparece el bidet?
Aquí está el punto que decide si la obra es una tarde o una semana. Si el desagüe del bidet es de suelo, va a estorbar y hay que rehacerlo; si sale de pared, apenas molesta.
La salida intermedia, la que evita el picado, es desaguar en la bañera con un tubo manual que se saca cuando toca lavar. Menos elegante, mucho más barata. Y un aviso que conviene leer antes de dar el paso: si el vaciado va al bote sifónico del baño, las probabilidades de atasco por pelos, pelusas y restos de jabón se multiplican. Es el argumento que más frena a quien ya tiene la máquina montada.
Enchufe en el baño: qué exige el reglamento
El Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión fija obligaciones específicas para los enchufes en baños, con volúmenes de seguridad y distancias que se saltan alegremente cuando el enchufe es el único de la estancia. La comparación con el Reino Unido, donde por normativa el baño se queda sin tomas, sirve de poco: en España se instalan y llevan condiciones.
Sobre el terreno, la precaución más citada es el diferencial. Un enchufe único para la lavadora en zona húmeda convierte el disparo del diferencial en la garantía, y hay quien añade un desconectador que corte ambos polos para no depender de tirar del cable con las manos mojadas. La corriente contraria avisa de desbordamientos, fallos eléctricos y riesgo de electrocución al salir de la ducha. Es una advertencia, no un dato: el precio del enchufe extra depende de la distancia al cuadro y de si hay que abrir roza.
¿Se estropea antes la lavadora por la humedad del baño?
La humedad relativa del ambiente y el vapor de la ducha castigan la electrónica de las máquinas modernas, que se renuevan o reparan antes de lo previsto. La réplica es que una lavadora no es más peligrosa que un secador o una bombilla y que cualquier baño de hoy tiene ventana o extracción.
La parte mecánica tampoco es pacífica. Las de carga superior, de 45 cm, cuestan alrededor de 300€, no vibran igual que una frontal y hay quien las ha visto
caminar hasta el comedor. Otras van por los 25 años de lavado diario sin una avería. Entre medias, un caso de rodamientos cambiados a los seis o siete años con recambio pedido por internet y otros tres años funcionando como el primer día. El ruido al centrifugar, eso sí, es el punto flojo reconocido por propios y extraños:
1.200 rpm suenan a reactor.
Secadora, lavabo y encimera: la versión sin obra
Hay una variante que resuelve el problema sin tocar tuberías: secadora de condensación, que descarga el agua a un depósito y no necesita desagüe. Con lavadora y secadora juntas bajo una encimera, y el lavabo con pie sustituido por uno encastrado, el baño cambia de función sin picar un azulejo. Quien lo hizo lo resume igual que quien aprovecha la toma del bidet:
virguerías para no tener galería.
Y queda la pregunta incómoda. El bidet, ¿sirve para algo? Una parte lo da por objeto de otro siglo, sustituido por papel húmedo o por la manguera de la ducha. Otra defiende su uso por higiene y considera un retroceso renunciar a él.
Ni consenso ni datos: costumbre y poco más.
La reforma más barata sigue siendo la que no se hace: dejar el bidet, sacar el tubo a la bañera y seguir lavando en la cocina. Nadie pone eso en el antes y el después de una reforma.