Elon Musk y el voto censitario: ¿solo los que cotizan?
Llega a las redes la polémica frase atribuida a Elon Musk: «el sufragio universal lleva al sufrimiento universal». El dueño de SpaceX y Tesla vendría a sugerir que solo los contratistas de empresas estatales como DARPA o su propia compañía deberían tener derecho a voto. Lejos de ser una boutade, la idea conecta con un hilo de pensamiento que gana tracción en ciertos círculos: restringir el sufragio a quienes contribuyen fiscalmente o superan un determinado umbral cognitivo.
Hay quien sostiene que quienes perciben ayudas como el Ingreso Mínimo Vital –730 euros para un adulto solo, más de mil con hijo– venderían su voto a cambio de mantener la paguita, despilfarrándola en según qué vicios. Otros van más allá y reclaman que no voten ni pensionistas, ni funcionarios, ni perceptores de subvenciones. La propuesta se remata con un filtro de cociente intelectual: «el voto de quienes tienen menos de 100 de IQ no debería valer lo mismo», se argumenta, porque serían fácilmente manipulables.
Detrás del debate subyace la vieja idea de que el ciudadano de pleno derecho debe demostrar solvencia económica o cultural. Pero la historia muestra que los sistemas censitarios murieron por algo. Mientras tanto, los aspirantes al IMV se ingenian para estirar la ayuda: «CBD, Modafinilo, avena y gazpacho», describe uno. La democracia tiene estas contradicciones; las paguitas, también.