Vecinos de Sant Adrià irrumpen en el pleno por la inseguridad
¿Qué tiene que pasar para que un ayuntamiento deje de mirar a otro lado? El lunes 27 de enero, cientos de vecinos de Sant Adrià de Besòs se manifestaron contra la inseguridad y el incivismo, y un grupo acabó entrando en la sala de plenos para increpar a la alcaldesa, Filo Cañete. «Escucha al pueblo, que lo tienes abajo en la calle», le reclamaron. La protesta llevaba semanas convocada y recorrió la avenida Catalunya hasta la plaza de la Vila, con pancartas y gritos como «Solo queremos vivir tranquilos» o «Esta noche no he dormido porque un coche ha ardido». Incendios, robos con violencia y okupaciones centraron las quejas de un municipio que se siente abandonado.
La alcaldesa responde: «Los recursos no son infinitos»
Sobre las 20:00 horas, Cañete salió a atender a los vecinos, aunque la mayoría ya se habían dispersado. Se defendió: «Durante una década no se ha invertido nada en Sant Adrià y esto me lo he encontrado». También aseguró que no puede «cargar con toda la responsabilidad» de lo hecho antes de su mandato y que «los recursos no son infinitos». Anunció que está en contacto con todas las administraciones para conseguir inversiones y proyectos.
La portavoz de la Asociación de Vecinos del Casc Antic, Natalia, insistió en la calle: «Lo primero que necesitamos es seguridad, no solo al otro lado del río». La entidad se desmarcó de cualquier partido que quisiera apropiarse del discurso vecinal.
El malestar no es nuevo: décadas de quejas
En el debate posterior, muchos recordaron que la inseguridad en Sant Adrià no es un fenómeno reciente. «Sant Adrià ha sido inseguro tooooooooooda la vida», escribió alguien que creció allí. Otros señalaron que la zona entre La Mina y Sant Roc convive con problemas estructurales desde hace años. La discusión derivó hacia la responsabilidad política: hay quien sostiene que los vecinos votan a partidos que luego no resuelven el problema, y quien responde que la crítica a la inmigración se usa como arma electoral. El cruce de acusaciones refleja una fractura social que va más allá del pleno.
¿Qué pasa con la vivienda y la okupación?
La
okupación apareció como uno de los detonantes del malestar. «No te mereces respeto», le espetaron a la alcaldesa. En el debate se mezclaron argumentos sobre falta de vivienda, construcción y control migratorio. Algunos participantes defendieron que si faltan pisos hay que construir más, mientras otros replicaron que el problema es de orden público. La discusión, lejos de cerrarse, derivó hacia teorías conspirativas sobre control social y hacia reproches por el supuesto cortoplacismo de los gobiernos.
La brecha entre representantes y representados
Cañete lamentó que «a las audiencias públicas no viene gente» y pidió «tiempo y paciencia». Los vecinos, sin embargo, subrayaron que hubieran preferido que «hubiese dado la cara» cuando la protesta aún estaba en la plaza. La escena resume una tensión recurrente: la percepción de que las instituciones no escuchan hasta que estalla el conflicto.
El resultado es un municipio en el que la seguridad se ha convertido en el eje del descontento, con vecinos que exigen soluciones concretas y una alcaldesa que apela a la falta de recursos. Nadie parece tener la fórmula para cerrar la brecha. O quizá sí, pero no interesa.