5.300 rumanos y 3.200 ucranianos abandonaron España en un trimestre
La macroeconomía española va viento en popa: el PIB crece un 2,7% interanual, el triple que la zona euro, y la ocupación bate récords históricos. La economía de las personas, sin embargo, cuenta otra historia. Solo en el segundo trimestre de 2026, 5.300 rumanos y 3.200 ucranianos dejaron España, según los datos manejados por la prensa económica. No es un episodio aislado: ambas nacionalidades figuran entre las diez con mayor migración al exterior, y el goteo lleva años.
El espejismo macro frente a la cesta de la compra
Los salarios reales en España han crecido un 2,7% en los últimos 30 años. La vivienda, mientras tanto, se ha encarecido mucho más rápido que los sueldos. Ahí está la clave de la fuga: no es que falte empleo, es que el empleo no da para vivir. La ironía ha llegado a cotas notables: hay quien bromea con que “emprender en el Donbas” resulta más atractivo que intentarlo en Alicante. El chiste encierra una verdad incómoda sobre el deterioro del poder adquisitivo.
Hay lecturas para todos los gustos: unos sostienen que la salida de población alivia la presión sobre la vivienda y debería abaratar los precios, aunque luego no ocurre. Otros argumentan que el empresariado debería subir salarios en lugar de lamentar la falta de mano de obra. Y no faltan quienes celebran la marcha con argumentos que mezclan el tópico y el prejuicio, pero eso ya es otra historia.
Una fuga que no se frena sola
El problema de fondo es estructural: mientras el poder adquisitivo siga estancado y el precio de la vivienda siga escalando, la mano de obra extranjera que vino a trabajar —y también la nacional— buscará mejores horizontes. Los datos del segundo trimestre de 2026 apuntan a que la fuga se acelera. Que la macro siga brillando no impedirá que cada vez más gente haga las maletas. La pregunta es cuándo empezará a notarse en los titulares oficiales.