ITV aprieta tuercas: abolladuras y arañazos ya son falta grave
Un propietario de una pick-up con la carrocería deteriorada por uso profesional valora dar de baja el vehículo ante el temor a que la ITV le ponga una falta grave por abolladuras y desconchones. Hasta ahora, esos defectos estéticos se saldaban con una leve o ni siquiera se mencionaban. El cambio de criterio, sin aviso oficial, ha encendido las alertas entre conductores de todoterrenos y furgonetas.
El criterio del inspector: la lotería de la ITV
El Real Decreto que regula las inspecciones técnicas de vehículos establece que una abolladura puede considerarse grave si presenta aristas cortantes o interfiere en elementos de seguridad. En la práctica, cada inspector interpreta la norma con amplio margen. Según testimonios del sector, en estaciones de ITV de distintas provincias se está aplicando un criterio más severo sobre la carrocería desde principios de año. Un cazador relata que a un conocido le pusieron grave por una abolladura en la aleta trasera de una Ranger, sin bordes afilados. La respuesta del sector es unánime: falta de homogeneidad y sensación de arbitrariedad.
El absentismo como respuesta: ¿está la ITV en crisis?
Frente al endurecimiento, crece el número de conductores que optan por no pasar la ITV. La última estimación disponible sitúa el absentismo en el 45%. Los defensores de esta vía argumentan que las cámaras de lectura de matrículas y los controles de la Guardia Civil dificultan la evasión en zonas urbanas, pero en áreas rurales aún es posible circular con cierta impunidad. El debate sobre la legitimidad de la ITV gana fuerza: algunos la califican de "trampa y mafia" diseñada para retirar coches antiguos de la circulación, mientras otros recuerdan que el fin último es la seguridad vial.
¿Denunciar al inspector? La propuesta que divide
Entre las soluciones apuntadas destaca la de denunciar personalmente al inspector que aplica criterios abusivos, en lugar de recurrir contra la estación. La iniciativa, aún sin consolidar, refleja la frustración de los usuarios que ven cómo un vehículo en buen estado mecánico puede ser rechazado por defectos puramente estéticos. El problema de fondo es que los baremos de cada ITV no son públicos, lo que dificulta cualquier reclamación.
El caso de la pick-up que puede acabar desguazada no es aislado. Cada vez más propietarios de vehículos de trabajo, todoterrenos y coches con "vida" se enfrentan a la disyuntiva de reparar una carrocería que solo tiene valor sentimental o funcional, o renunciar al vehículo. Mientras la DGT no clarifique los criterios, la ITV seguirá siendo un motivo de debate y, para muchos, de enfrentamiento.
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