¿Usar la guerra como amenaza disciplinaria en las aulas rusas?
Una activista ecológica de Altái, Olga Archibasova, denunció que en el Liceo Profesional de Soloneshnoe una empleada administrativa amenaza a los estudiantes con enviarlos a la «guerra local» si se portan mal. Según su testimonio, los alumnos de 9º a 11º grado —equivalentes a 4º de la ESO y Bachillerato en España— son objeto de esta intimidación. La denuncia, difundida a través de Telegram, ha generado escepticismo incluso entre los críticos del Kremlin.
La credibilidad del relato es frágil. Los propios usuarios que comentan la noticia la califican de «teatro» o directamente de bulo. Se señala que la activista no aporta pruebas y que la amenaza carece de base legal: en Rusia la edad de reclutamiento obligatorio son los 18 años, y los estudiantes pueden aplazarlo si cursan estudios superiores. Además, se compara con la práctica estadounidense —abolida desde Vietnam— de ofrecer alistamiento como alternativa a la cárcel, pero subrayando que en el caso ruso no existe un mecanismo formal similar para menores.
Lo cierto es que, en un contexto de guerra prolongada y bajas crecientes, cualquier rumor de reclutamiento coercitivo encuentra terreno abonado. Sin embargo, la falta de fuentes verificables y la reacción mayoritariamente incrédula invitan a tomar la denuncia con pinzas. Si hubiera algo de cierto, estaríamos ante un salto cualitativo en la militarización de la sociedad rusa. Por ahora, solo es un episodio más en la guerra de narrativas.