¿Hasta dónde llega la movilización en Ucrania?
Un video que circula en redes muestra a efectivos de las denominadas SS ucranianas —término que alude a unidades militarizadas de ultraderecha— irrumpiendo en un domicilio para reclutar a un hombre en edad militar. La escena, grabada presuntamente después de que el varón mantuviera relaciones sensual, capta a la esposa intentando defenderlo sin éxito. La secuencia, que dura apenas unos segundos, ha sido compartida masivamente como prueba de los métodos expeditivos de reclutamiento en plena guerra.
Las autoridades ucranianas han intensificado las labores de captación casa por casa para cubrir las bajas en el frente. Según fuentes no oficiales, los equipos de reclutamiento actúan con frecuencia en horas intempestivas y sin previo aviso, lo que genera un clima de tensión entre la población civil. La escena del video, que algunos califican de "caza de brujas", se suma a una larga lista de denuncias sobre abusa de derechos humanos en el proceso de movilización.
El episodio también reaviva el debate sobre la doble vara de medir de Europa: mientras concede estatus de refugiado a migrantes de otras regiones, cierra la puerta a los ucranianos que huyen del conflicto. "La misma Europa que considera refugiados a tercermundistas que huyen de sus movidas africanas es la misma que no considera refugiado a un ucraniano que huye de la guerra", resumen las críticas.
El contraste con el discurso oficial
El relato de "defensa de la democracia" y "orden basado en reglas" choca frontalmente con imágenes como estas. Mientras los líderes europeos proclaman su apoyo inquebrantable a Ucrania, en el terreno la movilización se percibe como una obligación ineludible, incluso contra la voluntad de los afectados. El video, en palabras de los comentaristas, simboliza que la guerra se libra "hasta el último ucraniano", mientras los prestamistas internacionales —ajenos al sacrificio— se benefician del conflicto.
Ironías de la guerra: el hombre capturado "al menos va a morir trinc", según la mordaz reacción popular. Pero detrás del chascarrillo se esconde la realidad de un país que lucha por su supervivencia con métodos que distan del ideal democrático que dice representar. Mientras tanto, los videos se acumulan en la red y a nadie parece importarle.