Holanda busca salida ecológica a 10.000 aerogeneradores obsoletos
La energía eólica no solo genera electricidad: también montañas de residuos imposibles de reciclar. Los Países Bajos se enfrentan al desmantelamiento de unos 10.000 aerogeneradores cuyo ciclo de vida ha terminado, fabricados con materiales compuestos multicapa que hacen su reciclaje extremadamente caro y lento.
El dilema no es menor: enterrarlos requeriría espacio del que el país carece, y exportarlos a terceros países con más terreno se perfila como la solución menos mala. Mientras tanto, se impulsan procesos térmicos y químicos para recuperar las palas, aunque a costes que pocos quieren asumir.
Vida útil: de los 20 años previstos a los 30 reales
Los aerogeneradores instalados entre 2004 y 2008 tenían una vida útil estimada de dos décadas. La realidad es que muchas turbinas están alargando su funcionamiento hasta los 30 años, según fuentes del sector. Una prórroga que retrasa el problema pero no lo resuelve: las palas, fabricadas con resinas y fibras de vidrio o carbono, no se degradan ni se reciclan con facilidad.
¿Entierro, exportación o quema?
Las opciones sobre la mesa son tan variadas como controvertidas. Algunos defienden el enterramiento controlado como solución ecológica, aunque el terreno escasea en los Países Bajos. Otros apuntan a la exportación a países con más espacio, práctica que recuerda al desguace de barcos en playas del sur global. Y no falta quien sugiere la incineración, pese a las emisiones asociadas.
Mientras el debate se calienta, el reciclaje térmico y químico de las palas avanza lentamente. Pero los costes siguen siendo el talón de Aquiles: transformar un material concebido para durar décadas en un recurso aprovechable cuesta una fortuna.
El negocio detrás de la sostenibilidad
Detrás del problema técnico hay un negocio multimillonario. Las eléctricas que instalaron esos parques eólicos ya amortizaron las turbinas y ahora afrontan el coste de desmantelarlas. Algunas fuentes del sector apuntan a que la vida útil real se ha alargado diez años más de lo previsto, lo que ha permitido estirar la rentabilidad. Cuando toque renovar, el ciclo volverá a empezar: nuevos aerogeneradores que dentro de otras dos décadas generarán idénticos residuos.