EL FARAON
Será en Octubre
En mi comunidad de vecinos…
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En algunas comunidades de vecinos, el poder de decisión recae en un gran número de propietarios ausentes, mientras que los residentes habituales cargan con los gastos y las decisiones impuestas. Este desequilibrio genera situaciones surrealistas donde las prioridades de los que no viven allí marcan el rumbo del edificio.
El sistema de voto en algunas comunidades de propietarios ha mutado en algo parecido a una lotería histórica. Imagina que para decidir si se pone un felpudo nuevo en el portal, tienes que convencer a 170 personas que, en su mayoría, nunca han pisado el edificio. Y lo más curioso es que estos 170 votantes son descendientes de antiguos propietarios que vendieron sus pisos hace décadas, algunos incluso hace cincuenta años. Sus antepasados tuvieron un piso, quizás solo unos meses, y ahora sus herederos, que viven a miles de kilómetros y no tienen ni idea de la vida en el edificio, tienen voz y voto.
Los que realmente viven y conviven en el inmueble, los que sufren la gotera del quinto o el ruido del vecino de arriba, son apenas una veintena. Sin embargo, sus decisiones, sus necesidades diarias, quedan diluidas frente a la avalancha de votos de quienes mantienen un vínculo meramente genealógico con la propiedad. La situación se vuelve cómica, casi surrealista, cuando se aprueban decisiones que no tienen ninguna lógica práctica para los residentes. Un ejemplo es la instalación de un portón automático para un garaje que, sencillamente, no existe. La inauguración fue un evento, con discurso incluido, pero la utilidad para los que viven allí, nula.
El problema no es solo la falta de sentido común en las decisiones, sino el coste que acarrean. Mientras los 170 "comuneros fantasma" votan a distancia, a menudo sin conocer la realidad del día a día, son los 20 vecinos residentes quienes deben hacer frente a las cuotas, las derramas y las averías. Se aprueban normas como tender la ropa solo los días impares, o la de color solo si el día es primo, bajo la premisa de que la comunidad "pertenece también a quienes mantienen un vínculo histórico". Mientras tanto, una gotera en el quinto lleva tres años paralizada por falta de interés de los votantes de ultramar.
La situación actual plantea un desafío democrático considerable. Cuando la mayoría de los votantes no están directamente afectados por las decisiones que toman, y además son los residentes quienes asumen la carga económica, el sistema se desvirtúa. Se están planteando proyectos como una piscina climatizada en el cuarto de contadores o cambiar el nombre del edificio por "Residencial Memoria Democrática". Son ideas que, sin duda, enriquecen la "memoria comunitaria", pero que no resuelven los problemas prácticos de quienes viven allí. Este modelo, bautizado irónicamente como "comunidad de propietarios por ley de nietos", demuestra cómo la distancia y la falta de implicación real pueden distorsionar la toma de decisiones colectivas. Es importante recordar que las leyes de propiedad horizontal buscan el buen funcionamiento y la convivencia de los edificios, y es prudente revisar que se cumplan estos objetivos.
En mi comunidad de vecinos…