El español, lengua franca del vacile entre un noruego y un brasileño
El partido llegaba a su fin, el marcador adverso para el equipo brasileño, y el portero noruego, con años de experiencia en LaLiga, buscaba ganar tiempo. Neymar, que había jugado cuatro temporadas en el Barça y dos en el PSG, no es ajeno al español. El intercambio de insultos, según los testigos, se produjo en español, no en inglés ni en portugués.
La anécdota revela algo que los datos confirman: el español se ha convertido en la lengua común en muchos vestuarios internacionales. El guardameta nórdico acumula cuatro cursos en el Sevilla; el delantero brasileño, seis en España y Francia. Ambos dominan el español, y en el fragor del partido recurren a él para el vacile. La escena recuerda a tantos otros duelos multilingües en los que el idioma de Cervantes actúa como puente.
Pero el dato que descoloca es otro: a pesar de que ambos saben inglés con solvencia, optaron por el español. La explicación puede estar en la inmediatez emocional: se habla en la lengua que uno ha mamado en el día a día, no en la aprendida en un aula. O quizá sea que, como señalan algunos análisis, el español tiene registros insultantes más creativos. El caso es que, en un mundo globalizado, la lengua del Camp Nou y del Sánchez-Pizjuán sigue siendo la del pique.