Colombia saca su propio Bukele tras el fracaso de la paz total
En agosto de 2022, cuando Gustavo Petro asumió la presidencia, Colombia tenía unos 15.000 hombres armados. La cifra, según los datos que circulan en el análisis público, suma ahora 28.000: casi el doble. La promesa de la “paz total” no solo se incumplió, sino que el país es objetivamente más inseguro.
En ese contexto emerge Abelardo, el nuevo presidente, que ha declarado sin ambages: “No quiero ser Trump, quiero ser Bukele”. Se convierte así en el último converso al modelo Bukele en América Latina. Su primera medida anunciada, construir megacárceles al estilo salvadoreño, ha abierto un debate frontal. El periodista Bayly advierte del riesgo de que Abelardo sea “mucho más duro que Bukele”, y recuerda que en El Salvador hay muchos presos inocentes o meramente sospechosos.
El escepticismo tiene argumentos de peso. Colombia no es El Salvador: los narcos no se tatúan la cara, las guerrillas campan en la selva y no hay forma de separar al inocente del culpable con recintos faraónicos. Otros contestan que el tamaño no importa cuando hay decisión política, y que el ejército puede asumir tareas de custodia. En su primera aparición, Abelardo agradeció al pueblo judío llamándolo “el pueblo de dios”, una escenografía que no pasó desapercibida.
El giro hacia la mano dura era previsible. El fracaso de la vía negociadora ha empujado a Colombia al péndulo de la ley y el orden. ¿Será este un Bukele a la colombiana o un espejismo de soluciones simples a problemas complejos? La respuesta dependerá de cuántos inocentes estén dispuestos a sacrificar en el intento.