El cuerpo de Lucía Etxebarria, de nuevo en el centro del escarnio digital
La escritora Lucía Etxebarria ha vuelto a ser blanco de una oleada de comentarios crueles a raíz de un vídeo en el que aparece en un momento de debilidad. La conversación, lejos de interesarse por su estado, ha derivado en una espiral de cosificación sexual, burlas por su higiene y estigmas sobre su salud mental. Pero dentro del ruido hay una excepción: un comentario recuerda que la autora padece dismorfofobia y pide que se deje de bromear con un tema serio.
El patrón previsible: del acoso al estigma
La secuencia es tan previsible como reveladora. Los primeros mensajes adoptan un tono explícitamente sexual; después llega el insulto a la apariencia, con comparaciones que rozan el clasismo; y, como cierre, la asociación directa entre higiene y trastorno psicológico. Un patrón que se repite cada vez que una mujer pública muestra cualquier grieta.
La voz que pide seriedad
Ese único comentario sensato, sin embargo, no es un capricho: la propia Etxebarria ha hablado en reiteradas ocasiones de su dismorfofobia, un trastorno que distorsiona la percepción de la propia imagen. Someterla a escarnio por su aspecto no es solo cruel, es obviar deliberadamente una condición reconocida.
La discusión evidencia la dificultad de debatir salud mental en las redes. Mientras los prejuicios sigan sustituyendo al conocimiento médico, la escritora seguirá siendo un objetivo fácil. Cabe esperar que la próxima vez la conversación se centre en su obra y no en su pelo o su cuerpo. Aunque, viendo lo visto, sería un milagro.