Camarero, puerta fría y teleoperador: el ranking de los peores trabajos
Un ranking de los peores empleos en España sitúa al comercial a puerta fría en el primer puesto, seguido de camarero y cocinero, con el programador en ascenso por el desgaste de las consultoras. La lista, perfilada durante más de dos años y medio de discusión, arranca con seis categorías: comercial a puerta fría, camarero/cocinero, picateclas, mudanzas, albañil y auxiliar de enfermería. Ninguna sale bien parada.
El criterio no es el salario. Es el desgaste. Y ahí la puerta fría arrasa: vender sin sueldo fijo, a comisión pura, con contrato mercantil y el 21% de IVA a cargo del vendedor. La hostelería se cuela arriba por horarios y por la relación con el cliente. El programador sube puestos porque el picateclas de consultora, ese que factura horas a un cliente que aprieta, se ha convertido en el primer empleo cualificado de media España.
Comercial a puerta fría: sin sueldo, sin puerta y sin clientes
El primer puesto del ranking no admite discusión entre quienes lo han vivido.
Comercial a puerta fría es ir tú a donde están los posibles clientes, llámalo casa, empresa o parque, y cobrar solo si vendes. El contrato es mercantil, con el 21% para Hacienda, y el sueldo base no existe. Quien lo defiende matiza que la puerta fría entre empresas es otra cosa y que un profesional puede llevarse una comisión alta por una operación gorda, pero el consenso es que trabajar así a particulares es lo peor de lo peor.
El contexto lo agrava: nadie abre la puerta. En los noventa, vender enciclopedias o equipos de limpieza podía dejar
300.000 pesetas al mes en 1992. Hoy el portal se queda cerrado y la compra se hace por internet. La decadencia del oficio es estructural, no cíclica.
Camarero: horarios, servilismo y mil horas sin pagar
El segundo puesto genera más matices. Quien ha sido camarero sostiene que el desgaste físico y mental es nulo comparado con mozo de almacén o peón de obra, y que el problema real son los horarios. Quien lo rechaza apunta a otra cosa:
la relación servil con el cliente, ese cliente que pide el café templadito con leche de soja en vaso de tubo y que se empodera viendo a alguien a sus órdenes.
El problema económico es conocido: en el 99% de la hostelería se echan mil horas y no se pagan. Si se pagaran, el trabajo no sería mal sitio. La comparación con cocina también aparece: en sala hay menos jerarquía y menos broncas, pero el cocinero está a su bola con la comida y, si es bueno, ni tan mal.
Picateclas: el ascenso del programador de consultora
El tercer puesto es el más revelador. El programador sube en el ranking porque el trabajo real no es el de las tecnológicas de producto, sino el de la consultora cárnica.
Picateclas en cárnica es la experiencia de prácticamente toda una promoción de ingenieros y científicos españoles al empezar su carrera: trabajo abyecto, estresante y en semi-esclavitud, con sueldo miserable, sobre todo si el cliente es difícil.
La queja no es contra la tecnología, sino contra el modelo: facturar horas a un cliente que aprieta, en una empresa que paga mal y exprime. El resultado es que un empleo cualificado se cuela en un ranking de trabajos duros.
Mudanzas, albañil y auxiliar de enfermería: el desgaste físico y emocional
Las mudanzas se describen como una jornada interminable: entrar a las 8 de la mañana en una casa llena de objetos, hacer cajas sin parar hasta las 17, ascensor, portero, doble fila, comerse una hora de circulación, descargar, montar muebles, devolver el camión y llegar a casa a las 21. Y al día siguiente, lo mismo en otra casa.
El albañil aparece con una imagen concreta: trabajar de noche a cero grados mientras otros duermen. El auxiliar de enfermería exige estómago para fluidos, olores y vejez; quien lo defiende señala que, vencido eso, es un trabajo fijo, bien pagado en el sector público y con cero responsabilidad.
El criterio real: no es el sueldo, es el desgaste
La discusión deriva hacia una idea más amplia: el peor trabajo es aquel en el que el trabajador está en el límite de su capacidad física, intelectual o psicológica, con el miedo a que le echen. Da igual que sea mozo de almacén, ingeniero o político. Y hay quien añade una categoría propia: el teleoperador a teléfono frío, peor que la puerta fría porque al menos esta te mantiene entretenido yendo de un lado para otro.
El vigilante de seguridad, el recepcionista nocturno, el trabajo en cadena en una lavandería industrial y el funcionario también aparecen en la conversación. Sobre el funcionario, la tesis es que cada vez renuncian más para hacerse autónomos o marchar a la privada. Sobre el recepcionista nocturno, el matiz es que el turno de noche anula como persona: no apetece leer, ni estudiar, ni nada; solo mirar el reloj.
El ranking no se cierra. La puerta fría y el camarero parecen indiscutibles arriba, pero el desgaste físico de la obra, el emocional de la enfermería y el anulación mental del turno de noche reclaman su sitio. Nadie ha encontrado un criterio único para medirlo.