engañados por los ecologetas otra vez: la ropa fabricada con plásticos reciclados es mucho más tóxica, concluye un estudio

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

La ropa de plástico reciclado emite un 50% más de microplásticos que la virgen ¿Crees que comprar camisetas hechas con botellas recicladas es un gesto ecológico? Un nuevo indicador lo desmiente: cada lavado libera hasta un 50% más de micropartículas que las fibras vírgenes. La trampa del plástico reciclado tiene nombre propio: greenwashing.

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Salteador de Caminos

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2 Mar 2020
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Cada lavado de este tipo de ropa libera un montón de micropartículas, hasta un 50% más que las fibras vírgenes, que luego vamos a respirar. El problema es que la única solución propuesta es dejar de usar plásticos, al menos en los usos que no sean imprescindibles

La trampa del plástico reciclado: por qué convertir botellas en ropa multiplica el riesgo ambiental​

​

Un equipo de investigadores desarrolla un nuevo indicador que mide las micropartículas plásticas que liberan los objetos.​


Cuando se habla de contaminación y de su medición, probablemente el primer concepto que viene a la mente es el de la huella de carbono. Es el indicador más conocido y utilizado para elegir materiales o diseñar todo tipo de objetos y construcciones en pos de un planeta más sostenible.

Sin embargo, puede que mirando en esa dirección, no hayamos tenido en cuenta otros aspectos que también son importantes y que influyen en la salud ambiental. Así lo plantea un nuevo estudiopublicado recientemente en la revista Science Advances y que propone incluir en la ecuación otro marcador: la contaminación plástica.

Los autores de la investigación han llamado a este nuevo indicador huella de partículas de plástico (PPF por sus siglas en inglés). Para hacerlo, han estudiado la cantidad de microplásticos que pueden emitir cuatro objetos diferentes –hervidores de agua, botellas, cajas de plástico y camisetas sintéticas– y lo han comparado con su huella de carbono.

Los "puntos calientes" de la contaminación por plástico en las ciudades: 52,1 millones de toneladas acaban en las calles

En el texto publicado defienden que su empleo puede cambiar "radicalmente" la elección de los mejores materiales a la hora de fabricar objetos.

Además, cuestionan el modelo actual de gestión de residuos plásticos, empleados para fabricar otras cosas a base de este material. Este concepto se conoce como downcycling (infrarreciclaje) y, aunque parezca sostenible, supone un riesgo para la salud ambiental.

En el proceso, se altera su composición química y los nuevos productos resultantes no solo son de peor calidad, también se fragmentan mucho más rápido. Algo que se traduce en una mayor emisión de los famosos microplásticos.

Esta opción no reduce la contaminación por plásticos, advierten Valérie Guillard y Nathalie Gontard, autoras de la investigación. Al contrario, aumenta significativamente las emisiones a corto y medio plazo de micro y nanoplásticos, "al tiempo que tranquiliza al usuario, que, por lo tanto, puede seguir utilizándolo con total confianza".

Por desgracia, "no existe circularidad alguna", lamentan Guillard y Gontard. Cada objeto de plástico sigue un ciclo de vida que termina de una de estas dos formas: o bien se incinera y se convierte en CO₂, o bien se fragmenta en partículas de plástico "que persistirán en el suelo y el agua e interactuarán con los organismos vivos durante siglos o milenios".

El último es el mayor problema de los objetos que se realizan a base de este material reciclado, subrayan las científicas y sus colegas.

Camisetas y césped artificial​

Para ilustrar este bucle, los autores aportan datos obtenidos con su nuevo indicador. Una camiseta de tejido sintético elaborado con botellas de plástico reciclado libera un 50% más de microfibras en cada lavado que una prenda de poliéster virgen.

En comparación, las partículas de tamaño micro y nano emitidas por las prendas de algodón se biodegradan rápidamente, incluso en el agua, aseguran estos científicos.

Peor aún es el césped artificial fabricado con neumáticos infrarreciclados, donde juegan tantos niños los fines de semana. Desprende el 36,5 % de su masa inicial en forma de partículas. El verdadero peligro de este método industrial radica en que estos materiales degradados pierden por completo su capacidad de ser reprocesados.

Los residuos plásticos se triplicarán de cara a 2060: el daño "al planeta y la salud" que Ginebra podría evitar

Finalizada esa segunda vida, acabarán en los basureros tradicionales, donde se descompondrán lentamente a lo largo de las próximas décadas.

No todos los objetos analizados por las científicas Guillard y Gontard están fabricados originalmente mediante el infrarreciclaje, aunque todos comparten ese final común en los vertederos. Mientras la camiseta de poliéster materializa este ciclo degradativo desde su origen, la vida de otros artículos cotidianos comienza de forma distinta.

Las botellas de refresco tienen dos caminos posibles. Una parte de envases logra la circularidad real de circuito cerrado, volviendo a ser una botella idéntica. Sin embargo, la mayor parte de lo recuperado acaba en el perjudicial infrarreciclaje.

Las cajas plásticas de transporte y los hervidores domésticos están elaborados originalmente con polímeros tradicionales vírgenes. Su vínculo con el infrarreciclaje se activa al final de su vida, cuando sus componentes deteriorados se trituran para sustituir por poco tiempo a materiales secundarios.

"La economía circular, tal y como se promociona, es una forma de greenwashing institucional", añaden Gontard y Guillard. Por eso, el medidor PPF que presentan plantea un gran dilema ético para los legisladores de la Unión Europea.

Las herramientas actuales guían a los líderes políticos a ciegas, obligándolos a elegir opciones que optimizan el carbono pero destruyen el entorno biológico, lamentan. Como muestra su estudio, una caja de madera genera más emisiones de gases que una de plástico reutilizable.

Ese dato nos haría pensar que para el planeta es mucho mejor la segunda opción. Sin embargo, la balanza no está equilibrada. El polímero sintético libera 21 gramos adicionales de partículas invisibles por cada uso. Fragmentos diminutos que permanecerán diseminados en el entorno.

Ambientadores, cosmética o productos de limpieza: así nos intoxicamos dentro de nuestros hogares sin saberlo

Lo mismo ocurre con los envases de agua o refrescos. Al medir el impacto de un litro de bebida, el carbono descarta el vidrio por duplicar las emisiones del plástico en su fabricación.

Sin embargo, el indicador PPF inclina la balanza hacia el vidrio o el aluminio, al ahorrar 15 gramos de contaminación plástica frente al PET (siglas de plástico tereftalato de polietileno). Si hay que decantarse, las latas de aluminio ofrecen el mejor equilibrio ecológico global.

Aunque el reciclaje del vidrio y el aluminio consume mucha energía, el PET reciclado se degrada antes. Más allá de este proceso, los autores recuerdan que los recipientes de vidrio o aluminio tienen un mayor potencial de ahorro en emisiones por su alta capacidad de reutilización.

Las autoras dejan claro que su objetivo científico no es resolver este conflicto multicriterio, sino hacerlo visible, sacando a la luz lo que antes no veíamos.

Cuestión de salud pública​

La urgencia por implementar esta nueva métrica es una cuestión de salud pública internacional. Estas partículas nocivas ya viajan libremente por los sistemas alimentarios, contaminando el agua, los animales y el aire interior, advierte el estudio. Su diminuto tamaño les permite atravesar barreras biológicas e introducirse en el torrente sanguíneo.

Mónica Torres, investigadora del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) en el Centro Nacional de Sanidad Ambiental (CNSA), coincide plenamente en que la evidencia disponible justifica la aplicación inmediata del principio de precaución. "No podemos tratar el plástico persistente como si fuera inerte o desapareciera del sistema", dice contundente.

Eso sí, la experta matiza que la detección de nanopartículas en tejidos humanos está todavía en una fase analítica muy incipiente en los laboratorios. Algunas muestras biológicas complejas sufren problemas de contaminación cruzada que derivan en la falsa detección de microplásticos. Por eso, ahora mismo es difícil conocer cifras reales de alcance de esta contaminación.

El 'refill', lejos de ser una "realidad masiva" en España: por qué no acaba de despegar esta tendencia europea
Más allá del tamaño, la sanidad ambiental alerta sobre la toxicidad química ligada a este desgaste. Los plásticos contienen aditivos peligrosos como bisfenoles y ftalatos, que actúan como disruptores endocrinos. Estos compuestos químicos nocivos migran con facilidad a los alimentos cuando el material sufre envejecimiento.

La investigadora del ISCIII pone un ejemplo muy gráfico: la regulación de los comedores escolares. Mientras Francia e Italia ya han prohibido los recipientes plásticos para cocinar y recalentar menús infantiles, España va rezagada. Reducir la exposición a estas partículas diminutas es una medida urgente, apunta.

La sanidad ambiental española tampoco está preparada para diagnosticar la toxicidad por polímeros, un reto compartido a nivel internacional. Carecemos de biomarcadores validados en los hospitales para atribuir síntomas médicos específicos a la ingesta de microplásticos. Por eso, defiende que el abordaje debe centrarse en la prevención colectiva institucional.

Por su parte, las autoras de la investigación señalan que la industria muestra un interés sincero hacia el PPF y que muchas marcas se sorprenden al descubrir que cambiar sus envases por plástico reciclado no reduce su huella particulada. Las científicas exigen avanzar hacia sistemas de recarga y depósito.

"La única línea de actuación real es la reducción en origen de los plásticos no esenciales", concluyen de forma rotunda. Para Torres, la solución debe pasar por un cambio transversal en la estrategia política de los gobiernos para frenar esta silenciosa crisis.
 
es que usar plastico reciclado es una soberana tontería

algodon
lino
cañamo

o nada
Sí, y piel, ahora busca calzado con PIEL que no sea carísimo o de señor.

Lo hay, pero ni de lejos lo son todas las zapatillas de la mayoría de marcas, más bien es excepcional.

Las absorbes lo mismo.

Pero la gente se conforma con el plástico (y yo en cierta medida también, dependiendo del uso por ejemplo). No obstante, hago lo que puedo para que mi calzado y el de mis descendientes sea de piel y la ropa de algodón, lino...
 
Sí, y piel, ahora busca calzado con PIEL que no sea carísimo o de señor.

Lo hay, pero ni de lejos lo son todas las zapatillas de la mayoría de marcas, más bien es excepcional.

Las absorbes lo mismo.

Pero la gente se conforma con el plástico (y yo en cierta medida también, dependiendo del uso por ejemplo). No obstante, hago lo que puedo para que mi calzado y el de mis descendientes sea de piel y la ropa de algodón, lino...
Los defensores del veganismo no se visten con la piel "de otros animales sintientes". Sólo piel sintética...
 

Lamento decirte que yo pensaba que el reciclaje estaba bien, a diferencia del torero medio iba con mi saco de recipientes al contenedor amarillo pero ahora veo que me he sido engañado por activistas sin escrúpulos. Simple de mi estaba contribuyendo al aumento de los microplásticos. A partir de ahora quemaré yo mismo todos mis recipientes, por si acaso en la planta de reciclaje no lo hacen
 
La mejor solución para los plásticos es, hoy por hoy, quemarlos en el condensador de fluzo de un delorian
 

Hablando ahora en serio, es imposible: somos la civilización del plástico y la cosa va a más, desde el punto de vista de materiales e industria.

Reducir su uso en consumo retail, ya se intenta pero es postureo 99% y recaudatorio al 1%. Y si tienes opurtunidad de viajar por Asia (Tailandia, Camboya, Malasia, Singapur, Filipinas, China por supuesto), vas a flipar... Vas a volver convencido de que en España no se usa apenas plástico. O casi...

Quemar el plástico en hornos estancos y biodegradar las nitrosaminas y todas las porquerías que se forman en la combustión imperfecta sería una solución viable. Pero me temo que nadie va a financiar que la tropa no nos muramos del quéinser que sea
 
Precisemos. Están hablando de PET: polietilentereftalato. Fórmula del tereftalato: C10H8O4. Es decir: Carbono + Hidrógeno + Oxígeno. ¿Dónde están los tóxicos? Salvo que aceptemos la afirmación de que el CO2 es un contaminante. ¿Dónde están los peligros probados de los microplásticos? Somos una generación que se ha criado masticando capuchones de bolígrafos y no hemos ansioso tan mal. Están teniendo que banderilla para quitarnos pronto de en medio. Si hablamos de los peligros de catalizadores, aditivos, colorantes, etc... Ya no estamos hablando de PET, sino de alguna variante concreta que es la que habrá que controlar.
 
Precisemos. Están hablando de PET: polietilentereftalato. Fórmula del tereftalato: C10H8O4. Es decir: Carbono + Hidrógeno + Oxígeno. ¿Dónde están los tóxicos? Salvo que aceptemos la afirmación de que el CO2 es un contaminante. ¿Dónde están los peligros probados de los microplásticos? Somos una generación que se ha criado masticando capuchones de bolígrafos y no hemos ansioso tan mal. Están teniendo que banderilla para quitarnos pronto de en medio. Si hablamos de los peligros de catalizadores, aditivos, colorantes, etc... Ya no estamos hablando de PET, sino de alguna variante concreta que es la que habrá que controlar.
No sé, prueba a respirar CO2 durante un minuto y nos cuentas qué se siente...
 
Cada lavado de este tipo de ropa libera un montón de micropartículas, hasta un 50% más que las fibras vírgenes, que luego vamos a respirar. El problema es que la única solución propuesta es dejar de usar plásticos, al menos en los usos que no sean imprescindibles

La trampa del plástico reciclado: por qué convertir botellas en ropa multiplica el riesgo ambiental​

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Un equipo de investigadores desarrolla un nuevo indicador que mide las micropartículas plásticas que liberan los objetos.​


Cuando se habla de contaminación y de su medición, probablemente el primer concepto que viene a la mente es el de la huella de carbono. Es el indicador más conocido y utilizado para elegir materiales o diseñar todo tipo de objetos y construcciones en pos de un planeta más sostenible.

Sin embargo, puede que mirando en esa dirección, no hayamos tenido en cuenta otros aspectos que también son importantes y que influyen en la salud ambiental. Así lo plantea un nuevo estudiopublicado recientemente en la revista Science Advances y que propone incluir en la ecuación otro marcador: la contaminación plástica.

Los autores de la investigación han llamado a este nuevo indicador huella de partículas de plástico (PPF por sus siglas en inglés). Para hacerlo, han estudiado la cantidad de microplásticos que pueden emitir cuatro objetos diferentes –hervidores de agua, botellas, cajas de plástico y camisetas sintéticas– y lo han comparado con su huella de carbono.

Los "puntos calientes" de la contaminación por plástico en las ciudades: 52,1 millones de toneladas acaban en las calles

En el texto publicado defienden que su empleo puede cambiar "radicalmente" la elección de los mejores materiales a la hora de fabricar objetos.

Además, cuestionan el modelo actual de gestión de residuos plásticos, empleados para fabricar otras cosas a base de este material. Este concepto se conoce como downcycling (infrarreciclaje) y, aunque parezca sostenible, supone un riesgo para la salud ambiental.

En el proceso, se altera su composición química y los nuevos productos resultantes no solo son de peor calidad, también se fragmentan mucho más rápido. Algo que se traduce en una mayor emisión de los famosos microplásticos.

Esta opción no reduce la contaminación por plásticos, advierten Valérie Guillard y Nathalie Gontard, autoras de la investigación. Al contrario, aumenta significativamente las emisiones a corto y medio plazo de micro y nanoplásticos, "al tiempo que tranquiliza al usuario, que, por lo tanto, puede seguir utilizándolo con total confianza".

Por desgracia, "no existe circularidad alguna", lamentan Guillard y Gontard. Cada objeto de plástico sigue un ciclo de vida que termina de una de estas dos formas: o bien se incinera y se convierte en CO₂, o bien se fragmenta en partículas de plástico "que persistirán en el suelo y el agua e interactuarán con los organismos vivos durante siglos o milenios".

El último es el mayor problema de los objetos que se realizan a base de este material reciclado, subrayan las científicas y sus colegas.

Camisetas y césped artificial​

Para ilustrar este bucle, los autores aportan datos obtenidos con su nuevo indicador. Una camiseta de tejido sintético elaborado con botellas de plástico reciclado libera un 50% más de microfibras en cada lavado que una prenda de poliéster virgen.

En comparación, las partículas de tamaño micro y nano emitidas por las prendas de algodón se biodegradan rápidamente, incluso en el agua, aseguran estos científicos.

Peor aún es el césped artificial fabricado con neumáticos infrarreciclados, donde juegan tantos niños los fines de semana. Desprende el 36,5 % de su masa inicial en forma de partículas. El verdadero peligro de este método industrial radica en que estos materiales degradados pierden por completo su capacidad de ser reprocesados.

Los residuos plásticos se triplicarán de cara a 2060: el daño "al planeta y la salud" que Ginebra podría evitar

Finalizada esa segunda vida, acabarán en los basureros tradicionales, donde se descompondrán lentamente a lo largo de las próximas décadas.

No todos los objetos analizados por las científicas Guillard y Gontard están fabricados originalmente mediante el infrarreciclaje, aunque todos comparten ese final común en los vertederos. Mientras la camiseta de poliéster materializa este ciclo degradativo desde su origen, la vida de otros artículos cotidianos comienza de forma distinta.

Las botellas de refresco tienen dos caminos posibles. Una parte de envases logra la circularidad real de circuito cerrado, volviendo a ser una botella idéntica. Sin embargo, la mayor parte de lo recuperado acaba en el perjudicial infrarreciclaje.

Las cajas plásticas de transporte y los hervidores domésticos están elaborados originalmente con polímeros tradicionales vírgenes. Su vínculo con el infrarreciclaje se activa al final de su vida, cuando sus componentes deteriorados se trituran para sustituir por poco tiempo a materiales secundarios.

"La economía circular, tal y como se promociona, es una forma de greenwashing institucional", añaden Gontard y Guillard. Por eso, el medidor PPF que presentan plantea un gran dilema ético para los legisladores de la Unión Europea.

Las herramientas actuales guían a los líderes políticos a ciegas, obligándolos a elegir opciones que optimizan el carbono pero destruyen el entorno biológico, lamentan. Como muestra su estudio, una caja de madera genera más emisiones de gases que una de plástico reutilizable.

Ese dato nos haría pensar que para el planeta es mucho mejor la segunda opción. Sin embargo, la balanza no está equilibrada. El polímero sintético libera 21 gramos adicionales de partículas invisibles por cada uso. Fragmentos diminutos que permanecerán diseminados en el entorno.

Ambientadores, cosmética o productos de limpieza: así nos intoxicamos dentro de nuestros hogares sin saberlo

Lo mismo ocurre con los envases de agua o refrescos. Al medir el impacto de un litro de bebida, el carbono descarta el vidrio por duplicar las emisiones del plástico en su fabricación.

Sin embargo, el indicador PPF inclina la balanza hacia el vidrio o el aluminio, al ahorrar 15 gramos de contaminación plástica frente al PET (siglas de plástico tereftalato de polietileno). Si hay que decantarse, las latas de aluminio ofrecen el mejor equilibrio ecológico global.

Aunque el reciclaje del vidrio y el aluminio consume mucha energía, el PET reciclado se degrada antes. Más allá de este proceso, los autores recuerdan que los recipientes de vidrio o aluminio tienen un mayor potencial de ahorro en emisiones por su alta capacidad de reutilización.

Las autoras dejan claro que su objetivo científico no es resolver este conflicto multicriterio, sino hacerlo visible, sacando a la luz lo que antes no veíamos.

Cuestión de salud pública​

La urgencia por implementar esta nueva métrica es una cuestión de salud pública internacional. Estas partículas nocivas ya viajan libremente por los sistemas alimentarios, contaminando el agua, los animales y el aire interior, advierte el estudio. Su diminuto tamaño les permite atravesar barreras biológicas e introducirse en el torrente sanguíneo.

Mónica Torres, investigadora del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) en el Centro Nacional de Sanidad Ambiental (CNSA), coincide plenamente en que la evidencia disponible justifica la aplicación inmediata del principio de precaución. "No podemos tratar el plástico persistente como si fuera inerte o desapareciera del sistema", dice contundente.

Eso sí, la experta matiza que la detección de nanopartículas en tejidos humanos está todavía en una fase analítica muy incipiente en los laboratorios. Algunas muestras biológicas complejas sufren problemas de contaminación cruzada que derivan en la falsa detección de microplásticos. Por eso, ahora mismo es difícil conocer cifras reales de alcance de esta contaminación.

El 'refill', lejos de ser una "realidad masiva" en España: por qué no acaba de despegar esta tendencia europea
Más allá del tamaño, la sanidad ambiental alerta sobre la toxicidad química ligada a este desgaste. Los plásticos contienen aditivos peligrosos como bisfenoles y ftalatos, que actúan como disruptores endocrinos. Estos compuestos químicos nocivos migran con facilidad a los alimentos cuando el material sufre envejecimiento.

La investigadora del ISCIII pone un ejemplo muy gráfico: la regulación de los comedores escolares. Mientras Francia e Italia ya han prohibido los recipientes plásticos para cocinar y recalentar menús infantiles, España va rezagada. Reducir la exposición a estas partículas diminutas es una medida urgente, apunta.

La sanidad ambiental española tampoco está preparada para diagnosticar la toxicidad por polímeros, un reto compartido a nivel internacional. Carecemos de biomarcadores validados en los hospitales para atribuir síntomas médicos específicos a la ingesta de microplásticos. Por eso, defiende que el abordaje debe centrarse en la prevención colectiva institucional.

Por su parte, las autoras de la investigación señalan que la industria muestra un interés sincero hacia el PPF y que muchas marcas se sorprenden al descubrir que cambiar sus envases por plástico reciclado no reduce su huella particulada. Las científicas exigen avanzar hacia sistemas de recarga y depósito.

"La única línea de actuación real es la reducción en origen de los plásticos no esenciales", concluyen de forma rotunda. Para Torres, la solución debe pasar por un cambio transversal en la estrategia política de los gobiernos para frenar esta silenciosa crisis.

El estudio es real y plantea un problema importante, pero el titular da un salto que el trabajo no demuestra. Los autores proponen una «huella de partículas plásticas» y estiman las emisiones de micro y nanopartículas durante el ciclo de vida; no hacen un ensayo toxicológico en personas ni concluyen que llevar una camiseta reciclada sea «mucho más tóxico».

Por tanto, el dato correcto es que determinadas prendas de poliéster reciclado pueden liberar más microfibras que las de poliéster virgen. De ahí se justifica reducir emisiones y exposición, pero no cuantificar sin más un daño sanitario. Es precisamente la diferencia entre medir el peligro potencial y medir el riesgo real.

Estudio:
 
El ecologismo es otro negocio, no hay más que contar la cantidad de empresas, chiringuitos, funcionarios, políticos y demás personas que viven del tema.




El error ha aparecido en el texto oficial de la convocatoria de ayudas para la financiación de actuaciones de conservación de la biodiversidad en los espacios Red Natura 2000, en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la comunidad de Aragón.​

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Una última leída, aunque fuera de pasada. Quizá eso hubiera bastado para que el Boletín Oficial de Aragón no fuera protagonista en redes sociales en las últimas horas por un despiste en la redacción del número del 24 de enero. “Explicar vosotras aquí algo más, decidir si hacemos también modelo de este apartado o la vida no nos da para más”, se leía entre paréntesis.​

 

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