Alborán: dos años de temblores y una conexión con Marruecos que nadie cierra
Mientras el terremoto de Marruecos copaba los titulares, el mar de Alborán llevaba ya más de dos años sin descanso. Desde enero de 2021, el registro sísmico muestra una actividad ininterrumpida en la zona, con episodios de más de 30 temblores en 72 horas y picos de magnitud 4,7 según el observatorio europeo, a muy poca profundidad. Es el tipo de fenómeno que, en una zona volcánica, suele preceder a una erupción.
Un enjambre que no entiende de calendarios
El patrón es persistente. El episodio comenzó en enero de 2021, se intensificó en otoño con la erupción de La Palma —que llegó a registrar más de 140 temblores en una sola jornada— y continuó después con focos secundarios como el terremoto de 6,3 en Creta el 12 de octubre de 2021. En Alborán, las discrepancias entre el IGN y el EMSC son constantes: lo que para uno es un 4,1, para el otro es un 4,7. Esa diferencia no es cosmética; determina si se activan protocolos de emergencia.
El seguimiento ciudadano ha sido más fino que el oficial: se ha señalado que la batimetría pública en la zona es escasa, lo que impide saber con precisión qué hay bajo el fondo marino. Mientras tanto, el enjambre no ha parado. Más de dos años después de su inicio, sigue generando temblores diarios en la misma zona.
La conexión marroquí: ¿misma bolsa magmática?
El terremoto de Marruecos y sus réplicas han reabierto la pregunta incómoda: ¿están conectados todos estos puntos? Un estudio científico citado en el seguimiento cartografía una gran bolsa magmática que abarca desde Canarias hasta el norte de Marruecos y el sur de la península. Si esa lectura es correcta, la presión que liberó el seísmo marroquí y la que mantiene activo el enjambre de Alborán podrían compartir fuente. No es una teoría unánime, pero explica dos hechos incómodos: la duración del fenómeno y la simultaneidad con otros enjambres en el Mediterráneo.
El riesgo económico que nadie quiere cuantificar
El impacto no es solo geológico. Para el sur de España, un evento tsunamigénico en Alborán afectaría a la bahía de Algeciras, mientras que un sismo en la dorsal atlántica golpearía Cádiz, como recuerda el análisis del terremoto de Lisboa. Las infraestructuras portuarias, el turismo costero y el seguro de vivienda quedarían expuestos. Y el factor humano añade una capa: cuando la tierra empezó a moverse en Granada, algunos vecinos recibieron la alerta sísmica directamente en el móvil, un sistema automático de Android que muchos ni sabían que existía. La tecnología avisa; la ciencia, todavía no.
De Canarias a Alborán: el mismo sistema nervioso
El mapa de riesgo se amplía. El mismo seguimiento detectó actividad en un volcán submarino entre Gran Canaria y Tenerife, el Volcán de Enmedio, cuyo cono se eleva casi 500 metros desde el lecho marino. También sigue el pulso de la Falla de Carboneras y el enjambre de Olot. Todo apunta a un sistema de tensiones mayor, en el que Alborán es solo el punto visible. Las predicciones más extremas sobre deslizamientos en Canarias hablan de hasta 500 km3 de tierra cayendo al mar, una cifra que supera cualquier evento conocido en la historia humana.
El problema es que los datos abiertos permiten seguir el fenómeno, pero no interpretarlo. Hay quien ve una liberación normal de tensión tectónica; hay quien teme un volcán submarino que alimenta el mismo sistema magmático que Canarias. La única certeza es que el enjambre sigue ahí, tres años después. El resto, como la historia del monte Pelée, se sabrá demasiado tarde. Vivimos en periodo de descuento.