La paradoja del consumo: ni un duro para negocios tradicionales, pero TikTok Shop vende como churros
La cantinela se repite: no hay un duro, montar un negocio en España es un suicidio. El diagnóstico parece cerrado, pero los datos de consumo cuentan otra historia. Mientras unos aseguran que la gente pasa el día con el móvil sin gastar un euro, otros señalan que el gasto se ha desplazado a plataformas como TikTok Shop, a coleccionables, a pijadas de Ikea o Action. La paradoja es total.
Hay quien sostiene que el problema no es que no haya dinero, sino que el dinero se va a minucias de bajo valor percibido. El mismo usuario que afirma no tener para un negocio serio se compra un móvil nuevo o un lote de baratijas. La economía real se parte en dos: la de las cosas de adulto heteronormativo –que no venden– y la de los caprichos inmediatos, que venden sin parar.
Un ejemplo ilustrativo: un millonario se quejaba en redes de que le pidieran 200€ por lavar su Lamborghini Urus. «Soy millonario, no gilipollas», decía. La anécdota refleja la selectividad del gasto incluso entre los que tienen. Si un millonario regatea 200€, ¿qué cabe esperar del consumidor medio? La percepción de valor es clave.
Hay quien defiende que lo sensato es vender a quien tiene dinero, no competir con Amazon o el supermercado. Apuntan a que el verdadero filón está en servicios premium para rentas altas, porque la clase media aprieta el cinturón en las cosas caras pero se desata en las baratas. El error de muchos emprendedores es ofrecer lo mismo que ya está en el súper, a un precio más alto.
Con este panorama, la conclusión no es que no haya dinero, sino que está mal repartido y peor orientado. El negocio no ha muerto: se ha mudado a donde el cliente percibe que gana algo, aunque sea una chorrada. La predicción se sostiene: mientras el consumo en caprichos siga alto, la queja de que no hay pasta tapará el verdadero problema –que se gasta en lo que no toca.