El mundo en 10 años: imposible de predecir con un crecimiento tecnológico x1.000 millones
La discusión sobre el futuro tecnológico se ha intensificado tras conocerse que, según ciertos análisis, la capacidad tecnológica se duplica cada cuatro meses, lo que implica un factor de 1.000 millones en una década. Esto ha reabierto el debate sobre si estamos ante un cambio de paradigma sin precedentes o ante una burbuja de expectativas.
El fin de la ley de Moore y la nueva aceleración
La clásica ley de Moore, que duplicaba la capacidad cada dos años, ha quedado obsoleta. Hoy, los saltos exponenciales no dependen solo del hardware físico, sino de la inteligencia artificial y el software cognitivo, acelerando los ciclos. Según los cálculos, pasar de una duplicación cada dos años a una cada cuatro meses multiplica la capacidad por 1.000 millones en una década. Una cifra que, de cumplirse, haría irreconocible el mundo actual.
Los límites físicos: agua, electricidad y cobre
Sin embargo, el crecimiento no es gratis. Cada consulta a ChatGPT consume el equivalente a abastecer de agua a 50.000 personas durante un día. Las estimaciones apuntan a que, para 2030, la IA requerirá agua suficiente para 1.300 millones de habitantes al día y electricidad equivalente al consumo de Japón. Los datacenters compiten por recursos con la población, y Silicon Valley puede pagar más, lo que dispararía los precios de la luz y el agua. El cobre y el silicio, pese a su abundancia, presentan cuellos de botella en pureza y producción.
Desigualdad y control social
Otra corriente señala que el avance no se traduce en bienestar general. La tecnología tiende a concentrar la riqueza: los valiosos viven mejor y los demás, peor. Además, la IA se perfila como una herramienta de control estatal, con bases de datos interconectadas que aprietan las tuercas al ciudadano. La famosa "paguita" a los desplazados por la automatización se antoja una medida inevitable para evitar el caos.
Escepticismo histórico: promesas incumplidas
No faltan voces que recuerdan que la ley de Moore nunca fue una ley física, sino una observación empírica que se cumplió a ratos. En los 80 prometían coches voladores y hoy los jóvenes van en patinete. El metaverso de Zuckerberg fracasó estrepitosamente. El software tiende al bloatware y la IA, al fuerzabrutismo caro. El ritmo actual podría no sostenerse por limitaciones físicas o porque la demanda no lo justifique.
Con la aceleración actual, predecir el mundo en 2035 es un ejercicio casi fútil. Mientras unos apuestan por un salto civilizatorio, otros ven la crónica de un colapso anunciado por falta de recursos. Y, como siempre, la historia nos ha enseñado que lo más probable es que ocurra algo que nadie imaginó.