De electricista a Forbes: cómo se financió José Elías
José Elías Navarro sostiene que en su cuenta personal no hay apenas dinero: lo que tiene son sociedades que generan y reinvierten. Si eso es cierto, ahí está la clave de una fortuna que le ha llevado a la
lista Forbes de los más ricos de España partiendo, según su propio relato, de una familia sin recursos. El presidente de Audax Renovables se prodiga en pódcast con veinteañeros, reparte consejos de gestión y maneja una empresa que, según las cifras que se le atribuyen,
factura más de 3.000 millones de euros. La duda que recorre cada una de sus operaciones no es si es rico. Es de dónde salió el dinero para empezar.
¿Cómo pasó de electricista a la lista Forbes?
El rastro, según el relato que se despliega en el hilo, arranca en
2009 con Orus Energía SL, una comercializadora que en 2012 quedó inhabilitada por impago de los peajes eléctricos a Iberdrola. Entre esas dos fechas está el núcleo del negocio: comprar paquetes de energía en un mercado topado y sostenerlo con avales. Con facturaciones crecientes llegó primero la financiación privada —inversores del ladrillo que creían ser socios y resultaron ser prestamistas, de los que Elías se deshizo rápido— y después la bancaria, extranjera y de inversión.
La otra pata fue comercial.
Puerta a puerta en los años de la liberalización eléctrica, con un equipo que, según estos relatos, cerraba altas con personas mayores que no terminaban de saber a qué prestaban consentimiento. Ese es el terreno donde el personaje se vuelve incómodo: el negocio no consistía en generar electricidad, sino en firmar contratos.
La operación que lo cambió todo: FERSA y la OPA inversa
El salto de escala tiene nombre y precio. Elías compró, según estas versiones,
FERSA Energías Renovables por unos 70 millones de euros, a precio de saldo, y ejecutó después una OPA inversa que le dejó algo más del
91% de la nueva Audax Renovables evitando los gastos de una fusión convencional. Pignorando acciones y encadenando ampliaciones, convirtió una comercializadora mediana en una cotizada con acceso a deuda barata.
De ahí salió también su primer gran movimiento de caja: vendió algo más del
5% de la compañía a los dueños de Mayoral por 56 millones de euros. A día de hoy, esa misma participación vale poco más de 30 millones. El negocio no fue la electricidad. Fue el papel.
¿Es La Sirena una máquina de perder dinero?
Se ha repetido que pagó
110 millones en efectivo por los supermercados La Sirena. El desglose que circula lo rebaja a unos pocos millones, con una constructora que puso un millón de euros. El problema no es el precio, es el activo: tiendas vacías, diseños viejos, catálogo corto que no permite la compra semanal y envíos de congelados por Correos. Un local comercial que ya no renta a nadie.
En paralelo,
38,5 millones invertidos en Ezentis, empresa que ha vuelto a bolsa con los bancos condonando buena parte de la deuda, y la integración de ASPI, comprada a Asepeyo, dentro de Atrys Health, donde la acción lleva meses cayendo después de un arranque fulgurante. Aquí hay más interrogantes que certezas, y el material completo de cada operación es lo que más se consulta.
Por qué dice que no cobra dividendos
La explicación del propio Elías es fiscal: vender acciones o cobrar dividendos en su cuenta personal le obligaría a pasar por caja. Prefiere
pedir préstamos antes que generar incrementos de patrimonio y reinvertir cada euro en las empresas. De ahí sus consejos sobre scoring crediticio, del tipo de no meter el capital de una pyme en inmuebles ni en activos inmovilizados.
Es una estrategia coherente y también un blindaje: quien no cobra, no muestra. El patrimonio se mide en participaciones, y las participaciones se valoran como el mercado quiera valorarlas.
¿Vende humo o es un inversor sagaz?
Una parte de los análisis lo descarta como figura de fogueo: alguien que no termina de explicar la financiación, que se expresa de forma que a muchos les chirría y que necesita atención constante. Enfrente, quienes lo defienden alegan que
es ingeniero técnico industrial, especialidad eléctrica, por la Universidad Politécnica de Cataluña y que figura en la lista Forbes cuando hace unos años no tenía nada.
El retrato más consistente es intermedio. Según el relato de uno de los participantes, su especialidad es comprar empresas mal gestionadas o con beneficio escaso a precio moderado, descabezar dirección y consejo y colocar acólitos con dietas simbólicas. Sagaz, sí. Genio, probablemente no: su fortuna va por delante de su supuesta genialidad. Como curiosidad, comparte origen con su amigo el empresario jamonero Enrique Tomás, habitual también de los pódcast.
Queda un marrón a la vista. Si La Sirena y Ezentis acaban en números rojos, el relato del chico pobre que llegó a Forbes se agrieta por el lado que nadie discute: la caja. Si salen adelante, los reproches sobre su forma de hablar sonarán a envidia y poco más. La respuesta, con reservas, la darán las cuentas de los próximos ejercicios, no los pódcast.