Marruecos abre la puerta en Ceuta: la guerra híbrida que nadie quiere ver
La denuncia de los sindicatos policiales es explícita: Marruecos no hace «absolutamente nada» para frenar las entradas a Ceuta. La califican de «guerra híbrida». Pero la pregunta incómoda es si España hace algo más. En plena crisis migratoria, con 1.788 presos indultados por Mohamed VI, la frontera se ha convertido en un tablero de negociación donde la presión migratoria es la moneda de cambio.
La denuncia sindical y el concepto de guerra híbrida
Los sindicatos policiales han denunciado que Marruecos no está haciendo «absolutamente nada» para impedir las entradas a Ceuta, y califican la situación como una «guerra híbrida». El término no es nuevo: se ha utilizado para describir el uso de la migración como arma de presión política. En este caso, la acusación es que Rabat utiliza la inmigración como palanca de negociación, abriendo y cerrando el grifo según sus intereses. La denuncia se suma a los informes de Seguridad Nacional que alertan sobre el uso hostil de la migración.
El grifo de Rabat: vídeo de gendarmes abriendo la puerta
Un vídeo difundido por Antena 3 muestra a las fuerzas de seguridad marroquíes abriendo la puerta para dejar pasar a migrantes hacia Ceuta. La imagen es contundente: no es una marea espontánea, es un flujo controlado. Como señalan algunos análisis, la migración se convierte así en una herramienta de presión barata, negable y eficaz. El gobierno de Pedro Sánchez, sin embargo, descarta que Marruecos esté detrás de la crisis y subraya su «cooperación instantánea». Los hechos, al menos los que se ven en el vídeo, apuntan en otra dirección.
La otra cara: recortes de Marlaska y órdenes de no hacer
La denuncia de los sindicatos no se queda en Marruecos. También señalan que la Policía teme más recortes de Marlaska en el número de agentes en Ceuta y Melilla. La seguridad, dicen, ya no es su prioridad. En este contexto, algunos agentes sostienen que hay órdenes de no hacer y no hay órdenes de hacer. La inacción no sería solo marroquí, sino también española. La comparación con la frontera polaco-bielorrusa es inevitable: allí, con una frontera mucho más larga, la defensa funciona. En Ceuta, con una valla fácil de defender, se argumenta que la incompetencia o la malicia parecen ser la norma.
El debate sobre los votantes y su refutación
Una de las teorías más repetidas es que los migrantes que entran serán nuevos votantes que permitirán al gobierno mantenerse en el cargo. Pero esa teoría no se sostiene con el calendario en la mano. Un extranjero no vota en las elecciones generales. Para votar hay que ser español, y la nacionalidad por residencia requiere diez años de residencia legal y continuada. A los iberoamericanos se les reduce el plazo, pero aun así no es inmediato. La teoría del voto migrante es, en el mejor de los casos, una simplificación excesiva.
Mientras no haya un cambio de postura en Rabat, la presión migratoria seguirá siendo una palanca de negociación. La pregunta es si España está dispuesta a pagar el precio o a negociar con una posición de fuerza. Los datos disponibles sugieren que, a día de hoy, la respuesta es ninguna de las dos. La guerra híbrida, si existe, se libra en dos frentes: el de la frontera y el de la voluntad política.