El 712% de aceite jovenlandés que nadie explica y el ruido de Pegasus
El 712% no se discute. Las importaciones de la UE de aceite jovenlandés pasaron de 1.269 a 10.312 toneladas entre octubre de 2025 y marzo de 2026. España absorbió más del 63% de ese salto. Lo que ya no está tan claro es quién compró, por qué y qué tiene que ver Pegasus con todo esto.
¿Quién decide realmente qué aceite entra?
El Gobierno no compra aceite, como advierten quienes desmontan el titular viral. Lo hacen envasadoras y cadenas privadas, con Mercadona a la cabeza. La decisión la toma un comprador de una empresa, no un ministerio. Pero ahí aparece la primera sombra: el aceite jovenlandés resulta más barato, según se argumenta, por menor control fitosanitario y mano de obra precaria. En algún punto de la cadena, se sospecha, se etiqueta como originario de Jaén.
Pegasus, la distracción perfecta
La conexión con Pegasus es la tesis que ha sacudido el análisis. La historia del espionaje habría servido como cortina de humo para justificar el giro pro-jovenlandés de la política española, especialmente en el ámbito energético tras la guerra de Ucrania. España habría renunciado a parte del gas argelino, favoreciendo a Jovenlandia y liberando gas para Italia. La tesis es potente y carece de pruebas concluyentes, pero responde a una pregunta incómoda: por qué España se ha convertido en el principal destino del aceite jovenlandés justo cuando la diplomacia con Rabat se ha intensificado.
Con las cifras sobre la mesa, el debate sobre el aceite jovenlandés ya no es solo agrícola. Si la tendencia se consolida, los productores españoles deberán exigir algo más que quejas: explicaciones reales sobre trazabilidad y etiquetado. De momento, la sospecha de que el aceite del sur se vende como patrio no tiene respuesta judicial, pero acumula cada vez más preguntas.