La paradoja española: país sin Estado pero con IRPF garantizado
La tesis de que España es una nación sin Estado propio ha vuelto a ganar tracción. El planteamiento es duro: el país estaría intervenido por poderes extranjeros en el Gobierno, la oposición, los medios, los servicios de inteligencia y hasta en la Monarquía borbónica, descrita como una institución dócil ante el poder exterior. El diagnóstico se remonta tres siglos atrás y señala a la Constitución de 1978 como uno de los nudos del problema, junto con la organización en comunidades autónomas.
Un Estado que sí existe cuando toca pagar
Frente a esa corriente, hay quien recuerda que el Estado no deja de manifestarse cuando le conviene. Basta con dejar de pagar el IRPF para comprobar cómo la maquinaria recaudatoria actúa con rapidez. La réplica no desmonta la tesis de la soberanía intervenida, pero introduce un matiz incómodo: la supuesta nación sin Estado tiene una Administración muy eficiente a la hora de cobrar.
El nudo de la cuestión: dónde quedó la soberanía
La discusión se atasca en un punto: si el problema es que el Estado está en manos de intereses extranjeros, o que el Estado se ha convertido en una estructura monstruosa sin nación que la respalde. Algunos reclaman un reset constitucional; otros se preguntan, con ironía, si un mundial de fútbol cada seis meses no uniría más al país que cualquier proyecto estatal. La cuestión de fondo sigue abierta.