España ya recibe más inmigrantes que Francia y Alemania juntas. LOCURA!

Ilustración editorial sobre el crecimiento demográfico de España con gráficos de barras, silueta del mapa europeo y columnas
RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

Un hotel de tres estrellas a pocos minutos de Madrid Río lleva semanas funcionando, de hecho, como alojamiento de primera acogida. Habitaciones ocupadas por familias recién llegadas, coches de segunda mano esperando en la puerta y un goteo constante de entradas y salidas.

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CRÓNICA DEL DEBATE POR TRAMOS
  1. Del reparto de culpas al «multiplica esos datos por cuatro» (16 Sep 2026 – 17 Sep 2026)
  2. Del reparto de culpas al «sálvese quien pueda» y a blindar pisos (17 Sep 2026 – 17 Sep 2026)
  3. España roza los 50 millones y el hilo se parte por las citas (17 Sep 2026 – 17 Sep 2026)
  4. Del cambio del barrio a Ceuta: el hilo se sale del dato (17 Sep 2026 – 18 Sep 2026)
  5. El hilo se llena de tuits y el foco pasa a los alojamientos (18 Sep 2026 – 21 Sep 2026)

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La economía de España ya recibe más forasteros que Francia y Alemania juntas y se convierte también en el gran motor de crecimiento demográfico de Europa​

  • España aportó por sí sola el 65% de todo el incremento de población de la UE
  • También ha absorbido el 28% de toda la inmi gración que recibe la UE
  • La economía de España basa su crecimiento en el aumento demográfico
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De gran locomotora del crecimiento económico en Europa a gran locomotora del crecimiento demográfico. Realmente son las dos caras de la misma moneda. España no sería líder de crecimiento si no fuera al mismo tiempo el país donde más crece la población por la intensa llegada de inmi gración. Más adelante se explicará este importante detalle que relaciona demografía y economía. España se ha convertido en la gran locomotora del crecimiento demográfico de la Unión Europea con los últimos datos en la mano. No porque hayan vuelto los nacimientos ni porque se haya revertido el envejecimiento de la población, sino por una llegada de forasteros que no encuentra comparación entre las grandes economías europeas.

Los datos recién publicados por Eurostat (correspondientes al 1 de enero de 2026 porque van con cierto decalaje) muestran que España registró un saldo migratorio positivo de 582.896 personas, el más elevado de toda la UE y equivalente a más de una cuarta parte de los 2,06 millones de forasteros netos que ganó el bloque. Esto le permite a España rozar ya los 50 millones de habitantes. Para comprender la magnitud del fenómeno basta una comparación con nuestros vecinos. España recibió por esta vía más población que Alemania y Francia juntas (las dos mayores economías de la UE y las que más población tienen), cuyos saldos migratorios fueron de 242.324 y 233.329 personas, respectivamente.

La distancia respecto al resto de grandes países europeos resulta todavía más llamativa si se tiene en cuenta el tamaño de cada economía. Italia registró una inmi gración neta de 295.759 personas; Países Bajos, 94.805; Bélgica, 75.702; y Portugal, 70.862. España, con 49,1 millones de habitantes al comenzar 2025, absorbió por sí sola alrededor del 28% de todo el saldo migratorio positivo de la UE, pese a representar aproximadamente el 11% de su población. Dicho de otra forma, el peso de España en el crecimiento migratorio europeo es más de dos veces superior al que le correspondería por población.


Sin inmi gración, España perdería población​

La inmi gración está logrando además algo que la demografía 'autóctona' hace tiempo que dejó de conseguir, que es incrementar sustancialmente la población. En España murieron 442.536 personas durante 2025 y nacieron únicamente 321.442, dejando un crecimiento vegetativo negativo de 121.094 personas. Sin inmi gración, por tanto, España habría perdido población. Sin embargo, el saldo migratorio de casi 583.000 personas no solo compensó todas esas defunciones, sino que permitió que la población aumentase en 461.802 habitantes en un solo año. Prácticamente todo el crecimiento demográfico español procede ya del exterior.

De este modo, España vuelve a separarse radicalmente de las otras grandes economías de la UE. Alemania sufrió una pérdida natural de 352.347 habitantes que su inmi gración no consiguió compensar y terminó perdiendo 110.023 personas. Italia registró 355.435 nacimientos frente a 651.830 fallecimientos y, pese a recibir casi 296.000 forasteros netos, acabó prácticamente estancada, con una pérdida de 636 habitantes. Francia conserva una situación demográfica mucho más equilibrada, pero su crecimiento total, de 229.709 personas, fue menos de la mitad del español. De hecho, España aportó por sí sola alrededor del 65% de todo el incremento de población registrado por la UE en 2025, que fue de 705.756 habitantes.

Este vuelco demográfico ayuda también a explicar una parte importante de otra excepcionalidad española que es el crecimiento económico. España lleva varios años creciendo claramente por encima de Alemania, Francia o Italia (y de la media de la eurozona y la UE) y una de las razones se encuentra en esta incorporación extraordinaria de población al mercado laboral. Una economía produce combinando esencialmente capital, trabajo y productividad. Si en un periodo relativamente corto entran cientos de miles de personas, muchas de ellas en edad laboral, aumenta la cantidad disponible del factor trabajo: hay más empleados potenciales, más horas trabajadas, más consumidores y una mayor demanda de vivienda, alimentos, transporte y servicios. Todo ello empuja al alza el PIB agregado.


Se trata de lo que en economía se conoce como crecimiento extensivo, que de una forma snecilla y vulgar consiste en aumentar la producción mediante la incorporación de una mayor cantidad de factores productivos, en este caso fundamentalmente trabajo, en lugar de conseguir que cada trabajador produzca sustancialmente más (productiviad laboral o productividad total de los factores). Una economía con diez trabajadores que producen 100 unidades cada uno, genera un PIB de 1.000; si incorpora un trabajador adicional manteniendo exactamente la misma productividad, la producción aumenta hasta 1.100. El PIB ha crecido un 10%, pero la producción por habitante no ha mejorado. Salvando las distancias, una parte relevante de la divergencia entre el crecimiento español y el de sus socios europeos responde a esta sencilla aritmética.

Eso permite entender la aparente contradicción entre unos datos macroeconómicos extraordinariamente robustos y una mejora mucho más discreta del bienestar individual. PIB, PIB per cápita y no digamos ya salarios reales (descontando la inflación) cuentan historias diferentes. Incorporar centenares de miles de trabajadores permite que España produzca más, pero también aumenta el número de personas entre las que se reparte esa producción (además de generar otros problmas como escasez vivienda, servicios públicos saturados...). Para conseguir un incremento intenso y sostenido de la renta por habitante no basta con añadir trabajadores, es necesario elevar la productividad, incrementar el capital disponible por empleado y desplazar empleo hacia actividades capaces de generar mayor valor añadido.

La composición de la inmi gración resulta aquí fundamental. La economía española ha sido extraordinariamente eficaz creando empleo, pero buena parte de la nueva ocupación se concentra en sectores intensivos en mano de obra y donde los incrementos de productividad son difíciles de lograr como hostelería, turismo, comercio, construcción, agricultura, cuidados y determinados servicios. Son actividades esenciales y la llegada de trabajadores permite eliminar cuellos de botella y ampliar la capacidad productiva, pero muchas presentan niveles de productividad y salarios inferiores a los de sectores intensivos en capital y tecnología. Por eso aumentar rápidamente el número de ocupados puede disparar el PIB agregado sin generar un crecimiento equivalente de la productividad o de los salarios reales.

Existe incluso un segundo efecto que ayuda a explicar la moderación salarial. Una oferta de factor trabajo (de trabajadores potenciales) que aumenta con intensidad facilita que las empresas encuentren trabajadores y permite que determinados sectores sigan expandiéndose sin que la escasez de mano de obra desencadene incrementos salariales mucho más fuertes. Esto no significa que la inmi gración sea por sí sola responsable de la evolución de los salarios (en ella intervienen productividad, inflación, negociación colectiva, composición sectorial y muchos otros factores), pero sí que la incorporación continua de trabajadores amplía la capacidad de la economía para crecer por volumen. España puede producir mucho más porque dispone de más brazos, aunque la cantidad producida por cada uno de ellos avance bastante menos.

Menos crecimiento pero mejor​

España presenta así una curiosa situación probablemente marcará su economía durante los próximos años. La inmi gración está actuando como un potente parche contra el invierno demográfico, permite aumentar el empleo, sostiene el consumo, amplía la recaudación y está ayudando a que el PIB español avance bastante más deprisa que el de las otras grandes economías europeas. Pero el parche no es suficiente para afrontar el futuro, con una generación del baby boom que se jubila y una economía global cada vez más competitiva.

El éxito en términos agregados no garantiza automáticamente un incremento equivalente del nivel de vida. El rento o lo interesante sería transformar ese crecimiento extensivo en intensivo, para aprovechar el extraordinario aumento de población activa y elevar la inversión, el capital por trabajador, la formación de estas personas y, sobre todo, la productividad. Porque sumar trabajadores permite hacer una economía más grande; conseguir que cada uno produzca más es lo que termina haciendo más ricos a sus ciudadanos.
 

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Ahora mismo tenéis la sensación de estar siendo invadidos cuando salís a la calle, pero dentro de cinco años echaréis de menos la situación actual. Dejad de una vez de inventar teorías como que habrá cierre de fronteras y deportaciones masivas. Lo que vais a ver es inmi gración masiva. España ya murió, salvad lo que podáis mientras podáis.
 
Medios. Meter las palabras “motor” y “crecimiento” para denominar una entrada ilegal de extranjeros por tierra, mar y aire con el beneplácito de los gobernantes.
 

 
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La economía de España ya recibe más forasteros que Francia y Alemania juntas y se convierte también en el gran motor de crecimiento demográfico de Europa​

  • España aportó por sí sola el 65% de todo el incremento de población de la UE
  • También ha absorbido el 28% de toda la inmi gración que recibe la UE
  • La economía de España basa su crecimiento en el aumento demográfico
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De gran locomotora del crecimiento económico en Europa a gran locomotora del crecimiento demográfico. Realmente son las dos caras de la misma moneda. España no sería líder de crecimiento si no fuera al mismo tiempo el país donde más crece la población por la intensa llegada de inmi gración. Más adelante se explicará este importante detalle que relaciona demografía y economía. España se ha convertido en la gran locomotora del crecimiento demográfico de la Unión Europea con los últimos datos en la mano. No porque hayan vuelto los nacimientos ni porque se haya revertido el envejecimiento de la población, sino por una llegada de forasteros que no encuentra comparación entre las grandes economías europeas.

Los datos recién publicados por Eurostat (correspondientes al 1 de enero de 2026 porque van con cierto decalaje) muestran que España registró un saldo migratorio positivo de 582.896 personas, el más elevado de toda la UE y equivalente a más de una cuarta parte de los 2,06 millones de forasteros netos que ganó el bloque. Esto le permite a España rozar ya los 50 millones de habitantes. Para comprender la magnitud del fenómeno basta una comparación con nuestros vecinos. España recibió por esta vía más población que Alemania y Francia juntas (las dos mayores economías de la UE y las que más población tienen), cuyos saldos migratorios fueron de 242.324 y 233.329 personas, respectivamente.

La distancia respecto al resto de grandes países europeos resulta todavía más llamativa si se tiene en cuenta el tamaño de cada economía. Italia registró una inmi gración neta de 295.759 personas; Países Bajos, 94.805; Bélgica, 75.702; y Portugal, 70.862. España, con 49,1 millones de habitantes al comenzar 2025, absorbió por sí sola alrededor del 28% de todo el saldo migratorio positivo de la UE, pese a representar aproximadamente el 11% de su población. Dicho de otra forma, el peso de España en el crecimiento migratorio europeo es más de dos veces superior al que le correspondería por población.


Sin inmi gración, España perdería población​

La inmi gración está logrando además algo que la demografía 'autóctona' hace tiempo que dejó de conseguir, que es incrementar sustancialmente la población. En España murieron 442.536 personas durante 2025 y nacieron únicamente 321.442, dejando un crecimiento vegetativo negativo de 121.094 personas. Sin inmi gración, por tanto, España habría perdido población. Sin embargo, el saldo migratorio de casi 583.000 personas no solo compensó todas esas defunciones, sino que permitió que la población aumentase en 461.802 habitantes en un solo año. Prácticamente todo el crecimiento demográfico español procede ya del exterior.

De este modo, España vuelve a separarse radicalmente de las otras grandes economías de la UE. Alemania sufrió una pérdida natural de 352.347 habitantes que su inmi gración no consiguió compensar y terminó perdiendo 110.023 personas. Italia registró 355.435 nacimientos frente a 651.830 fallecimientos y, pese a recibir casi 296.000 forasteros netos, acabó prácticamente estancada, con una pérdida de 636 habitantes. Francia conserva una situación demográfica mucho más equilibrada, pero su crecimiento total, de 229.709 personas, fue menos de la mitad del español. De hecho, España aportó por sí sola alrededor del 65% de todo el incremento de población registrado por la UE en 2025, que fue de 705.756 habitantes.

Este vuelco demográfico ayuda también a explicar una parte importante de otra excepcionalidad española que es el crecimiento económico. España lleva varios años creciendo claramente por encima de Alemania, Francia o Italia (y de la media de la eurozona y la UE) y una de las razones se encuentra en esta incorporación extraordinaria de población al mercado laboral. Una economía produce combinando esencialmente capital, trabajo y productividad. Si en un periodo relativamente corto entran cientos de miles de personas, muchas de ellas en edad laboral, aumenta la cantidad disponible del factor trabajo: hay más empleados potenciales, más horas trabajadas, más consumidores y una mayor demanda de vivienda, alimentos, transporte y servicios. Todo ello empuja al alza el PIB agregado.


Se trata de lo que en economía se conoce como crecimiento extensivo, que de una forma snecilla y vulgar consiste en aumentar la producción mediante la incorporación de una mayor cantidad de factores productivos, en este caso fundamentalmente trabajo, en lugar de conseguir que cada trabajador produzca sustancialmente más (productiviad laboral o productividad total de los factores). Una economía con diez trabajadores que producen 100 unidades cada uno, genera un PIB de 1.000; si incorpora un trabajador adicional manteniendo exactamente la misma productividad, la producción aumenta hasta 1.100. El PIB ha crecido un 10%, pero la producción por habitante no ha mejorado. Salvando las distancias, una parte relevante de la divergencia entre el crecimiento español y el de sus socios europeos responde a esta sencilla aritmética.

Eso permite entender la aparente contradicción entre unos datos macroeconómicos extraordinariamente robustos y una mejora mucho más discreta del bienestar individual. PIB, PIB per cápita y no digamos ya salarios reales (descontando la inflación) cuentan historias diferentes. Incorporar centenares de miles de trabajadores permite que España produzca más, pero también aumenta el número de personas entre las que se reparte esa producción (además de generar otros problmas como escasez vivienda, servicios públicos saturados...). Para conseguir un incremento intenso y sostenido de la renta por habitante no basta con añadir trabajadores, es necesario elevar la productividad, incrementar el capital disponible por empleado y desplazar empleo hacia actividades capaces de generar mayor valor añadido.

La composición de la inmi gración resulta aquí fundamental. La economía española ha sido extraordinariamente eficaz creando empleo, pero buena parte de la nueva ocupación se concentra en sectores intensivos en mano de obra y donde los incrementos de productividad son difíciles de lograr como hostelería, turismo, comercio, construcción, agricultura, cuidados y determinados servicios. Son actividades esenciales y la llegada de trabajadores permite eliminar cuellos de botella y ampliar la capacidad productiva, pero muchas presentan niveles de productividad y salarios inferiores a los de sectores intensivos en capital y tecnología. Por eso aumentar rápidamente el número de ocupados puede disparar el PIB agregado sin generar un crecimiento equivalente de la productividad o de los salarios reales.

Existe incluso un segundo efecto que ayuda a explicar la moderación salarial. Una oferta de factor trabajo (de trabajadores potenciales) que aumenta con intensidad facilita que las empresas encuentren trabajadores y permite que determinados sectores sigan expandiéndose sin que la escasez de mano de obra desencadene incrementos salariales mucho más fuertes. Esto no significa que la inmi gración sea por sí sola responsable de la evolución de los salarios (en ella intervienen productividad, inflación, negociación colectiva, composición sectorial y muchos otros factores), pero sí que la incorporación continua de trabajadores amplía la capacidad de la economía para crecer por volumen. España puede producir mucho más porque dispone de más brazos, aunque la cantidad producida por cada uno de ellos avance bastante menos.

Menos crecimiento pero mejor​

España presenta así una curiosa situación probablemente marcará su economía durante los próximos años. La inmi gración está actuando como un potente parche contra el invierno demográfico, permite aumentar el empleo, sostiene el consumo, amplía la recaudación y está ayudando a que el PIB español avance bastante más deprisa que el de las otras grandes economías europeas. Pero el parche no es suficiente para afrontar el futuro, con una generación del baby boom que se jubila y una economía global cada vez más competitiva.

El éxito en términos agregados no garantiza automáticamente un incremento equivalente del nivel de vida. El rento o lo interesante sería transformar ese crecimiento extensivo en intensivo, para aprovechar el extraordinario aumento de población activa y elevar la inversión, el capital por trabajador, la formación de estas personas y, sobre todo, la productividad. Porque sumar trabajadores permite hacer una economía más grande; conseguir que cada uno produzca más es lo que termina haciendo más ricos a sus ciudadanos.
Desde mi punto de vista ese dato actualmente hay que multiplicarlo por 4.

Esos datos son de regularizados, ahora suma todos los que están con el visado de "turistas" y despues suma la reunificacion familiar. Eso en cuanto a Barajas, luego ya lo que entra desde África....es imposible dar cifras.
Si dicen 4 son 8.
 
Es una industria la importación de personas. Me mandaron hace poco a un curso en Madrid y me pusieron el hotel cerca de Madrid rio. El hotel estaba lleno de recién llegados con su falso visado de turistas, familiares recogiéndolos a la entrada del hotel con coches de segunda mano. Madrid es ya un reflejo de eso. No quedan españoles. Y parece que le da igual a todo el mundo.
 
Cuando en el futuro la gente se pregunte cuándo y por qué se fue este país a la ruina habrá que rescatar vídeos como este:

Esta persona es una histriónica y debería tener prohibido la participación política, está llena de repruebo.

Como mínimo debería ser declarada persona non grata en cada ciudad y pueblo de España.

TRAIDORA. Lo tiene todo.
 
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La economía de España ya recibe más forasteros que Francia y Alemania juntas y se convierte también en el gran motor de crecimiento demográfico de Europa​

  • España aportó por sí sola el 65% de todo el incremento de población de la UE
  • También ha absorbido el 28% de toda la inmi gración que recibe la UE
  • La economía de España basa su crecimiento en el aumento demográfico
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De gran locomotora del crecimiento económico en Europa a gran locomotora del crecimiento demográfico. Realmente son las dos caras de la misma moneda. España no sería líder de crecimiento si no fuera al mismo tiempo el país donde más crece la población por la intensa llegada de inmi gración. Más adelante se explicará este importante detalle que relaciona demografía y economía. España se ha convertido en la gran locomotora del crecimiento demográfico de la Unión Europea con los últimos datos en la mano. No porque hayan vuelto los nacimientos ni porque se haya revertido el envejecimiento de la población, sino por una llegada de forasteros que no encuentra comparación entre las grandes economías europeas.

Los datos recién publicados por Eurostat (correspondientes al 1 de enero de 2026 porque van con cierto decalaje) muestran que España registró un saldo migratorio positivo de 582.896 personas, el más elevado de toda la UE y equivalente a más de una cuarta parte de los 2,06 millones de forasteros netos que ganó el bloque. Esto le permite a España rozar ya los 50 millones de habitantes. Para comprender la magnitud del fenómeno basta una comparación con nuestros vecinos. España recibió por esta vía más población que Alemania y Francia juntas (las dos mayores economías de la UE y las que más población tienen), cuyos saldos migratorios fueron de 242.324 y 233.329 personas, respectivamente.

La distancia respecto al resto de grandes países europeos resulta todavía más llamativa si se tiene en cuenta el tamaño de cada economía. Italia registró una inmi gración neta de 295.759 personas; Países Bajos, 94.805; Bélgica, 75.702; y Portugal, 70.862. España, con 49,1 millones de habitantes al comenzar 2025, absorbió por sí sola alrededor del 28% de todo el saldo migratorio positivo de la UE, pese a representar aproximadamente el 11% de su población. Dicho de otra forma, el peso de España en el crecimiento migratorio europeo es más de dos veces superior al que le correspondería por población.


Sin inmi gración, España perdería población​

La inmi gración está logrando además algo que la demografía 'autóctona' hace tiempo que dejó de conseguir, que es incrementar sustancialmente la población. En España murieron 442.536 personas durante 2025 y nacieron únicamente 321.442, dejando un crecimiento vegetativo negativo de 121.094 personas. Sin inmi gración, por tanto, España habría perdido población. Sin embargo, el saldo migratorio de casi 583.000 personas no solo compensó todas esas defunciones, sino que permitió que la población aumentase en 461.802 habitantes en un solo año. Prácticamente todo el crecimiento demográfico español procede ya del exterior.

De este modo, España vuelve a separarse radicalmente de las otras grandes economías de la UE. Alemania sufrió una pérdida natural de 352.347 habitantes que su inmi gración no consiguió compensar y terminó perdiendo 110.023 personas. Italia registró 355.435 nacimientos frente a 651.830 fallecimientos y, pese a recibir casi 296.000 forasteros netos, acabó prácticamente estancada, con una pérdida de 636 habitantes. Francia conserva una situación demográfica mucho más equilibrada, pero su crecimiento total, de 229.709 personas, fue menos de la mitad del español. De hecho, España aportó por sí sola alrededor del 65% de todo el incremento de población registrado por la UE en 2025, que fue de 705.756 habitantes.

Este vuelco demográfico ayuda también a explicar una parte importante de otra excepcionalidad española que es el crecimiento económico. España lleva varios años creciendo claramente por encima de Alemania, Francia o Italia (y de la media de la eurozona y la UE) y una de las razones se encuentra en esta incorporación extraordinaria de población al mercado laboral. Una economía produce combinando esencialmente capital, trabajo y productividad. Si en un periodo relativamente corto entran cientos de miles de personas, muchas de ellas en edad laboral, aumenta la cantidad disponible del factor trabajo: hay más empleados potenciales, más horas trabajadas, más consumidores y una mayor demanda de vivienda, alimentos, transporte y servicios. Todo ello empuja al alza el PIB agregado.


Se trata de lo que en economía se conoce como crecimiento extensivo, que de una forma snecilla y vulgar consiste en aumentar la producción mediante la incorporación de una mayor cantidad de factores productivos, en este caso fundamentalmente trabajo, en lugar de conseguir que cada trabajador produzca sustancialmente más (productiviad laboral o productividad total de los factores). Una economía con diez trabajadores que producen 100 unidades cada uno, genera un PIB de 1.000; si incorpora un trabajador adicional manteniendo exactamente la misma productividad, la producción aumenta hasta 1.100. El PIB ha crecido un 10%, pero la producción por habitante no ha mejorado. Salvando las distancias, una parte relevante de la divergencia entre el crecimiento español y el de sus socios europeos responde a esta sencilla aritmética.

Eso permite entender la aparente contradicción entre unos datos macroeconómicos extraordinariamente robustos y una mejora mucho más discreta del bienestar individual. PIB, PIB per cápita y no digamos ya salarios reales (descontando la inflación) cuentan historias diferentes. Incorporar centenares de miles de trabajadores permite que España produzca más, pero también aumenta el número de personas entre las que se reparte esa producción (además de generar otros problmas como escasez vivienda, servicios públicos saturados...). Para conseguir un incremento intenso y sostenido de la renta por habitante no basta con añadir trabajadores, es necesario elevar la productividad, incrementar el capital disponible por empleado y desplazar empleo hacia actividades capaces de generar mayor valor añadido.

La composición de la inmi gración resulta aquí fundamental. La economía española ha sido extraordinariamente eficaz creando empleo, pero buena parte de la nueva ocupación se concentra en sectores intensivos en mano de obra y donde los incrementos de productividad son difíciles de lograr como hostelería, turismo, comercio, construcción, agricultura, cuidados y determinados servicios. Son actividades esenciales y la llegada de trabajadores permite eliminar cuellos de botella y ampliar la capacidad productiva, pero muchas presentan niveles de productividad y salarios inferiores a los de sectores intensivos en capital y tecnología. Por eso aumentar rápidamente el número de ocupados puede disparar el PIB agregado sin generar un crecimiento equivalente de la productividad o de los salarios reales.

Existe incluso un segundo efecto que ayuda a explicar la moderación salarial. Una oferta de factor trabajo (de trabajadores potenciales) que aumenta con intensidad facilita que las empresas encuentren trabajadores y permite que determinados sectores sigan expandiéndose sin que la escasez de mano de obra desencadene incrementos salariales mucho más fuertes. Esto no significa que la inmi gración sea por sí sola responsable de la evolución de los salarios (en ella intervienen productividad, inflación, negociación colectiva, composición sectorial y muchos otros factores), pero sí que la incorporación continua de trabajadores amplía la capacidad de la economía para crecer por volumen. España puede producir mucho más porque dispone de más brazos, aunque la cantidad producida por cada uno de ellos avance bastante menos.

Menos crecimiento pero mejor​

España presenta así una curiosa situación probablemente marcará su economía durante los próximos años. La inmi gración está actuando como un potente parche contra el invierno demográfico, permite aumentar el empleo, sostiene el consumo, amplía la recaudación y está ayudando a que el PIB español avance bastante más deprisa que el de las otras grandes economías europeas. Pero el parche no es suficiente para afrontar el futuro, con una generación del baby boom que se jubila y una economía global cada vez más competitiva.

El éxito en términos agregados no garantiza automáticamente un incremento equivalente del nivel de vida. El rento o lo interesante sería transformar ese crecimiento extensivo en intensivo, para aprovechar el extraordinario aumento de población activa y elevar la inversión, el capital por trabajador, la formación de estas personas y, sobre todo, la productividad. Porque sumar trabajadores permite hacer una economía más grande; conseguir que cada uno produzca más es lo que termina haciendo más ricos a sus ciudadanos.
Es la puerta de entrada a Europa. Sánchez los necesita para ganar las próximas elecciones.
 

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