Españoles en Los Ángeles: 2.000 dólares por entrada para un solo partido
Eduardo Montero, español residente en Dubái desde hace 20 años, ha pagado 2.000 dólares por cada una de las cuatro entradas que compró para el Mundial de Estados Unidos. Su mujer se quedó en casa porque el presupuesto se disparaba. Él y sus tres hijos han viajado para ver un único partido: el de octavos de final de España. «Hemos venido a un solo partido porque está todo prohibitivo», resume.
La historia de Montero ilustra lo que muchos señalan como el Mundial más caro de la historia para el bolsillo español. Entre aviones, alojamiento y entradas, la factura de una familia media puede superar los 10.000 dólares por un fin de semana futbolero. Y eso sin contar el costo de oportunidad: en las redes se bromea con que ese dinero daría para 26 sesiones de prostitución de 60 euros o para una noche de escort de lujo, un cálculo grosero pero que refleja la percepción de que el fútbol se ha convertido en un lite absurdamente caro.
El sueño americano (con precio de jet privado)
Montero compró las entradas «a ciegas» para el que quedase primero del grupo de España. El riesgo salió bien, pero el coste le ha obligado a recortar. «Imagínate cómo vivimos el partido frente a Uruguay», dice entre risas mientras accede al SoFi Stadium. La anécdota subraya la paradoja de un país que, para el turista europeo, siempre fue sinónimo de ganga –gasolina barata, ropa a precio de saldo– pero que en este Mundial se ha convertido en un destino solo para carteras gruesas. «¿No era EEUU todo tan barato?», se preguntan algunos. La respuesta es que la inflación post-pandemia, el tipo de cambio y la demanda global han disparado los precios. La entrada media para un partido de eliminatorias ronda los 1.500-2.000 dólares, muy por encima de cualquier edición anterior.
¿Merece la pena? El debate eterno
La reacción mayoritaria en el análisis económico es de escepticismo: hay quien considera que pagar esas cantidades por «ver a unos tíos corriendo por un campo dando patadas a un balón» es una muestra de consumismo irracional. Otros defienden que es una experiencia única, «una vez en la vida». Pero los números no engañan: con 2.000 dólares por cabeza, una familia de cuatro gasta 8.000 solo en entradas, a lo que hay que sumar vuelos y alojamiento en Los Ángeles, una de las ciudades más caras de Estados Unidos. El resultado es que el Mundial se ha convertido en un evento para las élites globales –como Montero, que vive en Dubái– y no para el aficionado español medio.
El dato final: la selección española juega hoy, pero la economía del aficionado ya perdió el partido antes de empezar. Quien pueda permitírselo, que disfrute; para el resto, queda el 'streaming' y la ironía de ver cómo el fútbol se ha vuelto el deporte más caro del planeta también en el país de las gangas.